Un veterano de la causa y la memoria nacionalista
La Memoria, La Conciencia y la Obediencia Canaria 1991
Carta abierta para Antonio Morales
Estimado Antonio:
Te escribo esta carta con el peso que da el tiempo, la perspectiva de la historia compartida y la profunda necesidad de hacer un ejercicio sincero de reflexión. Hay momentos en la trayectoria política de un pueblo en los que la historia no avanza en línea recta, sino en círculos concéntricos; giros que nos sitúan, décadas después, ante los mismos dilemas éticos, las mismas paradojas morales y la misma exigencia de valentía que un día moldearon nuestro destino.
Aquella fecha del 17 de julio de 1991 permanece grabada a fuego en la memoria de la izquierda insular. Aquel día, en el Salón de Plenos del Cabildo de Gran Canaria, se vivió una de las jornadas más dolorosas e intensas de nuestra historia institucional. Se votaba la moción de censura para destituir a Carmelo Artiles Bolaños.
Recordar aquel pleno es recordar el sufrimiento directo de un hombre bueno: un socialista de a pie, un cristiano de base surgido de la lucha de la aparcería y formado en el seminario, que había compartido sudores, sacrificios y trincheras con la familia de la Asamblea Vecinal, con Roque Aguayro, con los compañeros del Partido Comunista luego Izquierda Canaria Unida ICU.
A Carmelo Artiles le brotaron las lágrimas en la tribuna, rompió a llorar mientras veía cómo sus propios hermanos de la izquierda y del nacionalismo progresista le abrían el paso hacia la salida defenestrándolo injustamente.
Aquel castigo no era personal contra Carmelo Artiles; la patada en el trasero se la dábamos a la cúpula del PSOE de Jerónimo Saavedra por haber traicionado y pactado en el Gobierno de Canarias con la Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI) y las AIC de Manuel Hermoso. Pero el precio humano lo pagó un hombre noble.
Tú estabas allí, Antonio. Junto a Pedro Lezcano, Gonzalo Angulo, Fernando González y el resto de los compañeros de Iniciativa Canaria (ICAN), asumieron aquel trago amargo de votar contra los socialistas.
Hubo que tragar sapos de un calibre enorme, como investir como vicepresidente a José Macías o compartir bancada con Blas Rosales y los miembros de un Partido Popular donde aún resonaban los ecos de Alianza Popular y de un franquismo sociológico notorio y presente.
¿Cómo se justificó semejante sacrificio humano y político? Se justificó por un bien superior: la unidad del nacionalismo canario y la proclamación de la obediencia canaria.
Bajo la premisa que pregonaba Lorenzo Olarte y la visión estratégica de José Carlos Mauricio, Paco Santiago, Carmelo Ramírez y tantos otros, asumieron aquel dolor para vertebrar lo que poco después sería la Federación de Coalición Canaria.
Era la apuesta por la obediencia estricta a nuestra tierra, sin tutelas ni mandatos dictados desde los despachos de Madrid. Allí confluyeron los centristas canarios, la izquierda canaria liberada de Madrid, la Asamblea Canaria del pueblo.
Ese mismo impulso estratégico justificó apoyos posteriores en las legislaturas de 1995 y 1999 votando presidente al candidato del PP (José Macias y luego Mª Eugenia Marquez), sacrificando sistemáticamente las alianzas con el PSOE con la única meta de construir un nacionalismo canario hegemónico, capaz de plantar cara al centralismo aunque hubiera que cogobernar con la derechona.
35 años después: El mismo dilema, otra encrucijada
Hoy, 35 años después, la vida parece volver al punto de partida, colocándote a ti, ahora como Presidente del Cabildo de Gran Canaria, en el centro del escenario. Sin embargo, el escenario muestra una incoherencia que entristece a quienes creímos en aquel espíritu.
Frente a la convocatoria de una Mesa de Unidad Nacionalista —donde más de una veintena de formaciones insulares, municipales, alcaldes de Primero Canarias y Coalición Canaria buscan articular una respuesta conjunta de obediencia canaria como la que en 1996 nos dio voz propia en el Congreso con dos diputados por Las Palmas y dos por Santa Cruz de Tenerife—, contemplamos con estupor el rumbo tomado por Nueva Canarias.
Resulta incomprensible que aquellos que justificaron alianzas dolorosas en nombre de la 'Obediencia Canaria' prefieran hoy diluirse en las sopas de letras de las plataformas estatales de la extrema izquierda (Sumar, Podemos, Izquierda Unida). Partidos de corte sucursalista para los cuales Canarias sigue siendo, en el mejor de los casos, una postal exótica o un mero destino turístico al que acudir de vacaciones, ignorando la realidad singular de nuestra gente.
"La unidad canaria no se construye desde la ambigüedad ni pidiendo prestada la voz a formaciones estatales que deciden su política a más de dos mil kilómetros de nuestro archipiélago."
Un llamamiento a la claridad y a la conciencia
Antonio Morales, la Presidencia del Cabildo no debe servir de parapeto para ocultar la incoherencia o la confusión. Tú fuistes candidato por Roque Aguayro y no eres la dirección de NC. En este momento se requiere claridad, poner luz al asunto principal. No se puede seguir nadando entre dos aguas. Aunque seas el Presidente del Cabildo, con tu silencio no se puede poner una vela a Dios y otra al diablo: criticar el centralismo los fines de semana y entregar el voto nacionalista a la izquierda madrileña en las grandes citas electorales.
La unidad de Canarias exige nuevamente claridad, valentía y actos difíciles. Si en 1991 fuistes capaz de tomar decisiones traumáticas con tal de garantizar un proyecto político soberano y libre de interferencias externas, hoy tu conciencia te exige la misma altura de miras:
-
Abandonar la ambigüedad: Explicar con total transparencia al pueblo grancanario si la prioridad de Nueva Canarias es el proyecto de emancipación e identidad de nuestro pueblo o servir de muleta a la política estatal.
-
Recuperar la obediencia canaria: Volver a la esencia de 1991, sumando fuerzas con la gente de nuestra tierra, con nuestros hermanos de las ocho islas, para defender nuestros derechos sin pedir permiso ni en la calle Ferraz ni en los despachos de la izquierda centralista.
-
Asumir el compromiso histórico: Poner por encima del cálculo partidista de corto alcance la reconstrucción de una fuerza canaria verdaderamente representativa y libre, tal como la soñamos en 1991 y 1996.
En tu conciencia y en tus decisiones presentes queda el juicio de la historia. Quienes recordamos el dolor de 1991 solo te pedimos una cosa: claridad, honestidad con nuestras raíces y una apuesta decidida y sin complejos por la gente de nuestra tierra.
Sea cual sea tu decisión, si prefieres guardar silencio, o apoyar el proyecto de NC, nuestras oraciones seguiran pidiendo para tí todas las bendiciones sabiendo el respeto que te seguimos teniendo por todo lo que has significado en estos 35 años
Fraternalmente,
Un militante de la memoria nacionalista canaria.

Estimado Antonio:
Te escribo esta carta con el peso que da el tiempo, la perspectiva de la historia compartida y la profunda necesidad de hacer un ejercicio sincero de reflexión. Hay momentos en la trayectoria política de un pueblo en los que la historia no avanza en línea recta, sino en círculos concéntricos; giros que nos sitúan, décadas después, ante los mismos dilemas éticos, las mismas paradojas morales y la misma exigencia de valentía que un día moldearon nuestro destino.
Aquella fecha del 17 de julio de 1991 permanece grabada a fuego en la memoria de la izquierda insular. Aquel día, en el Salón de Plenos del Cabildo de Gran Canaria, se vivió una de las jornadas más dolorosas e intensas de nuestra historia institucional. Se votaba la moción de censura para destituir a Carmelo Artiles Bolaños.
Recordar aquel pleno es recordar el sufrimiento directo de un hombre bueno: un socialista de a pie, un cristiano de base surgido de la lucha de la aparcería y formado en el seminario, que había compartido sudores, sacrificios y trincheras con la familia de la Asamblea Vecinal, con Roque Aguayro, con los compañeros del Partido Comunista luego Izquierda Canaria Unida ICU.
A Carmelo Artiles le brotaron las lágrimas en la tribuna, rompió a llorar mientras veía cómo sus propios hermanos de la izquierda y del nacionalismo progresista le abrían el paso hacia la salida defenestrándolo injustamente.
Aquel castigo no era personal contra Carmelo Artiles; la patada en el trasero se la dábamos a la cúpula del PSOE de Jerónimo Saavedra por haber traicionado y pactado en el Gobierno de Canarias con la Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI) y las AIC de Manuel Hermoso. Pero el precio humano lo pagó un hombre noble.
Tú estabas allí, Antonio. Junto a Pedro Lezcano, Gonzalo Angulo, Fernando González y el resto de los compañeros de Iniciativa Canaria (ICAN), asumieron aquel trago amargo de votar contra los socialistas.
Hubo que tragar sapos de un calibre enorme, como investir como vicepresidente a José Macías o compartir bancada con Blas Rosales y los miembros de un Partido Popular donde aún resonaban los ecos de Alianza Popular y de un franquismo sociológico notorio y presente.
¿Cómo se justificó semejante sacrificio humano y político? Se justificó por un bien superior: la unidad del nacionalismo canario y la proclamación de la obediencia canaria.
Bajo la premisa que pregonaba Lorenzo Olarte y la visión estratégica de José Carlos Mauricio, Paco Santiago, Carmelo Ramírez y tantos otros, asumieron aquel dolor para vertebrar lo que poco después sería la Federación de Coalición Canaria.
Era la apuesta por la obediencia estricta a nuestra tierra, sin tutelas ni mandatos dictados desde los despachos de Madrid. Allí confluyeron los centristas canarios, la izquierda canaria liberada de Madrid, la Asamblea Canaria del pueblo.
Ese mismo impulso estratégico justificó apoyos posteriores en las legislaturas de 1995 y 1999 votando presidente al candidato del PP (José Macias y luego Mª Eugenia Marquez), sacrificando sistemáticamente las alianzas con el PSOE con la única meta de construir un nacionalismo canario hegemónico, capaz de plantar cara al centralismo aunque hubiera que cogobernar con la derechona.
35 años después: El mismo dilema, otra encrucijada
Hoy, 35 años después, la vida parece volver al punto de partida, colocándote a ti, ahora como Presidente del Cabildo de Gran Canaria, en el centro del escenario. Sin embargo, el escenario muestra una incoherencia que entristece a quienes creímos en aquel espíritu.
Frente a la convocatoria de una Mesa de Unidad Nacionalista —donde más de una veintena de formaciones insulares, municipales, alcaldes de Primero Canarias y Coalición Canaria buscan articular una respuesta conjunta de obediencia canaria como la que en 1996 nos dio voz propia en el Congreso con dos diputados por Las Palmas y dos por Santa Cruz de Tenerife—, contemplamos con estupor el rumbo tomado por Nueva Canarias.
Resulta incomprensible que aquellos que justificaron alianzas dolorosas en nombre de la 'Obediencia Canaria' prefieran hoy diluirse en las sopas de letras de las plataformas estatales de la extrema izquierda (Sumar, Podemos, Izquierda Unida). Partidos de corte sucursalista para los cuales Canarias sigue siendo, en el mejor de los casos, una postal exótica o un mero destino turístico al que acudir de vacaciones, ignorando la realidad singular de nuestra gente.
"La unidad canaria no se construye desde la ambigüedad ni pidiendo prestada la voz a formaciones estatales que deciden su política a más de dos mil kilómetros de nuestro archipiélago."
Un llamamiento a la claridad y a la conciencia
Antonio Morales, la Presidencia del Cabildo no debe servir de parapeto para ocultar la incoherencia o la confusión. Tú fuistes candidato por Roque Aguayro y no eres la dirección de NC. En este momento se requiere claridad, poner luz al asunto principal. No se puede seguir nadando entre dos aguas. Aunque seas el Presidente del Cabildo, con tu silencio no se puede poner una vela a Dios y otra al diablo: criticar el centralismo los fines de semana y entregar el voto nacionalista a la izquierda madrileña en las grandes citas electorales.
La unidad de Canarias exige nuevamente claridad, valentía y actos difíciles. Si en 1991 fuistes capaz de tomar decisiones traumáticas con tal de garantizar un proyecto político soberano y libre de interferencias externas, hoy tu conciencia te exige la misma altura de miras:
-
Abandonar la ambigüedad: Explicar con total transparencia al pueblo grancanario si la prioridad de Nueva Canarias es el proyecto de emancipación e identidad de nuestro pueblo o servir de muleta a la política estatal.
-
Recuperar la obediencia canaria: Volver a la esencia de 1991, sumando fuerzas con la gente de nuestra tierra, con nuestros hermanos de las ocho islas, para defender nuestros derechos sin pedir permiso ni en la calle Ferraz ni en los despachos de la izquierda centralista.
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Asumir el compromiso histórico: Poner por encima del cálculo partidista de corto alcance la reconstrucción de una fuerza canaria verdaderamente representativa y libre, tal como la soñamos en 1991 y 1996.
En tu conciencia y en tus decisiones presentes queda el juicio de la historia. Quienes recordamos el dolor de 1991 solo te pedimos una cosa: claridad, honestidad con nuestras raíces y una apuesta decidida y sin complejos por la gente de nuestra tierra.
Sea cual sea tu decisión, si prefieres guardar silencio, o apoyar el proyecto de NC, nuestras oraciones seguiran pidiendo para tí todas las bendiciones sabiendo el respeto que te seguimos teniendo por todo lo que has significado en estos 35 años
Fraternalmente,
Un militante de la memoria nacionalista canaria.






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