CIUCA en Telde
El mejor tesoro de Peña y la lección del "fuego amigo"
Juan Antonio Peña en 2022 (Contrapunto TV).
El auténtico legado que ya ha quedado instalado en el municipio, es un valor intangible pero absoluto: el aire de libertad recuperada y el fin del sectarismo crónico.
Si algo recordará la historia reciente de Telde tras la llegada de Juan Antonio Peña y Ciuca a la alcaldía, no será únicamente una obra, un proyecto o un evento puntual. Su mayor tesoro, el auténtico legado que ya ha quedado instalado en el municipio, es un valor intangible pero absoluto: el aire de libertad recuperada y el fin del sectarismo crónico.
Durante mas de tres décadas, la ciudad se vio sometida a dinámicas impuestas por distintas siglas y franquicias lideradas por figuras como Francisco Santiago o Carmen Hernández, bajo la órbita de Nueva Canarias.
Aquella etapa estuvo marcada por un sectarismo sofocante donde la discrepancia se pagaba cara. No solo los medios de comunicación y periodistas veteranos —incluído Telde Actualidad— sufrían presiones insufribles para acallar la disidencia, sino que el temor trascendió a la propia sociedad civil.
En la calle, en el bar, en un funeral o en un partido de fútbol, opinar libremente conllevaba el riesgo de represalias. La autocensura y el miedo eran la norma.
Peña ha borrado esa sombra. Tras tres años de mandato, el alcalde demuestra a diario que las críticas y las opiniones contrarias —incluso las partidistas o intencionadas— se asumen con absoluta normalidad.
Sin acritud, sin revanchismos. El ejemplo más reciente se vivió en la presentación de las Fiestas de Melenara: ante las objeciones del patronato organizador, el regidor respondió con encaje, humildad y talante, asumiendo las deficiencias de la gestión pública con el ánimo de mejorar.
Esa misma cercanía se respira en el Ayuntamiento, donde cualquier vecino entra en el Edificio de El Cubillo sin cita previa y es atendido sin interrogatorios previos de para qué, porqué o sobre su ideología, su necesidad o intención. Juan Antonio Peña está allí para escuchar y al servicio de sus vecinos.
Ese es el gran legado y gran tesoro de este alcalde Peña, que merece ser reconocido y protegido por este valor superior que ha instalado en toda la ciudad.
Por eso resulta paradójico que hoy, cuando surgen voces disidentes o críticas con la gestión actual, algunos cercanos al propio alcalde o al grupo de gobierno se alarmen hablando de «fuego amigo».
A quienes se asustan por esto conviene recordarles que apliquen el propio ejemplo de Peña. El alcalde escucha el contenido de la crítica sin poner el punto de mira en quién la formula, pues señalar al emisor es el primer paso para volver al sectarismo del pasado.
Quienes hemos defendido de forma pública y decidida la labor de Juan Antonio Peña no perdemos el derecho a discrepar o disentir del propio Peña o de algunos de sus concejales del grupo de gobierno.
Cuando Peña estaba en la oposición, pocos medios, como éste o Contrapunto de Gran Canaria TV se hicieron eco de las denuncias, por ejemplo la de los jubilados y pensionistas de Telde que los sabados y domingos se econtrabaan cerrado a cal y canto el Centro-Hogar de San Gregorio.
Llevamos a la opinión pública el desamparo de los mayores porque también cerraban los baños públicos de la Plaza de San Gregorio o que durante la semana los pensionistas tenian que pedir la llave del baño al funcionario o encargado dentro del propio Centro.
Una situación impropia y contraria a la dignidadd de los mayores con problemas de incontinencia. Fueron cientos de personas los que se quejaron ante el nefasto e indolente concejal y alcaldesa de entonces.
Peña se unió a los mayores, consiguiendo dar voz pública a este desaguisado. Y las críticas de entonces fueron porque aquello estaba mal, independientemente de quien gobernara.
Hoy el principio es el mismo. Telde debe consolidar esta senda donde opinar, criticar o debatir sobre la gestión municipal sea tan natural como hablar de fútbol o de los carnavales.
Mientras algunos intentan desviar la atención señalando «fachas» hasta debajo de las piedras para ocultar su propia incompetencia e historial sectario, Telde y su alcalde Juan Antonio Peña demuestran que la verdadera democracia se ejerce con respeto, transparencia y sin miedo a la libertad de expresión.
Juan Antonio Peña en 2022 (Contrapunto TV).
Si algo recordará la historia reciente de Telde tras la llegada de Juan Antonio Peña y Ciuca a la alcaldía, no será únicamente una obra, un proyecto o un evento puntual. Su mayor tesoro, el auténtico legado que ya ha quedado instalado en el municipio, es un valor intangible pero absoluto: el aire de libertad recuperada y el fin del sectarismo crónico.
Durante mas de tres décadas, la ciudad se vio sometida a dinámicas impuestas por distintas siglas y franquicias lideradas por figuras como Francisco Santiago o Carmen Hernández, bajo la órbita de Nueva Canarias.
Aquella etapa estuvo marcada por un sectarismo sofocante donde la discrepancia se pagaba cara. No solo los medios de comunicación y periodistas veteranos —incluído Telde Actualidad— sufrían presiones insufribles para acallar la disidencia, sino que el temor trascendió a la propia sociedad civil.
En la calle, en el bar, en un funeral o en un partido de fútbol, opinar libremente conllevaba el riesgo de represalias. La autocensura y el miedo eran la norma.
Peña ha borrado esa sombra. Tras tres años de mandato, el alcalde demuestra a diario que las críticas y las opiniones contrarias —incluso las partidistas o intencionadas— se asumen con absoluta normalidad.
Sin acritud, sin revanchismos. El ejemplo más reciente se vivió en la presentación de las Fiestas de Melenara: ante las objeciones del patronato organizador, el regidor respondió con encaje, humildad y talante, asumiendo las deficiencias de la gestión pública con el ánimo de mejorar.
Esa misma cercanía se respira en el Ayuntamiento, donde cualquier vecino entra en el Edificio de El Cubillo sin cita previa y es atendido sin interrogatorios previos de para qué, porqué o sobre su ideología, su necesidad o intención. Juan Antonio Peña está allí para escuchar y al servicio de sus vecinos.
Ese es el gran legado y gran tesoro de este alcalde Peña, que merece ser reconocido y protegido por este valor superior que ha instalado en toda la ciudad.
Por eso resulta paradójico que hoy, cuando surgen voces disidentes o críticas con la gestión actual, algunos cercanos al propio alcalde o al grupo de gobierno se alarmen hablando de «fuego amigo».
A quienes se asustan por esto conviene recordarles que apliquen el propio ejemplo de Peña. El alcalde escucha el contenido de la crítica sin poner el punto de mira en quién la formula, pues señalar al emisor es el primer paso para volver al sectarismo del pasado.
Quienes hemos defendido de forma pública y decidida la labor de Juan Antonio Peña no perdemos el derecho a discrepar o disentir del propio Peña o de algunos de sus concejales del grupo de gobierno.
Cuando Peña estaba en la oposición, pocos medios, como éste o Contrapunto de Gran Canaria TV se hicieron eco de las denuncias, por ejemplo la de los jubilados y pensionistas de Telde que los sabados y domingos se econtrabaan cerrado a cal y canto el Centro-Hogar de San Gregorio.
Llevamos a la opinión pública el desamparo de los mayores porque también cerraban los baños públicos de la Plaza de San Gregorio o que durante la semana los pensionistas tenian que pedir la llave del baño al funcionario o encargado dentro del propio Centro.
Una situación impropia y contraria a la dignidadd de los mayores con problemas de incontinencia. Fueron cientos de personas los que se quejaron ante el nefasto e indolente concejal y alcaldesa de entonces.
Peña se unió a los mayores, consiguiendo dar voz pública a este desaguisado. Y las críticas de entonces fueron porque aquello estaba mal, independientemente de quien gobernara.
Hoy el principio es el mismo. Telde debe consolidar esta senda donde opinar, criticar o debatir sobre la gestión municipal sea tan natural como hablar de fútbol o de los carnavales.
Mientras algunos intentan desviar la atención señalando «fachas» hasta debajo de las piedras para ocultar su propia incompetencia e historial sectario, Telde y su alcalde Juan Antonio Peña demuestran que la verdadera democracia se ejerce con respeto, transparencia y sin miedo a la libertad de expresión.





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