Vigencia desoladora del temor de Julio Anguita.
¿Hoy somos corruptos ó sólo estamos fanátizados?
Pedro Sánchez en el control de frontera de Ceuta. Foto de La Moncloa.
Ni los borbones en su peor versión se hubiesen atrevido a vivir a todo trapo en el Palacio de La Mareta, mientras el país está incendiado literalmente o una ciudad española es invadida por 80 mil marroquies.
La afirmación que en su día lanzó Julio Anguita -Alcalde de Córdoba y lider de Izquierda Unida— advirtiendo de que una sociedad permisiva con la degradación de sus instituciones termina por ser, en sí misma, una sociedad corrupta— recobra hoy una vigencia desoladora.
Al contemplar la evolución de España durante los últimos doce años, surge un dilema aún más inquietante: ¿estamos únicamente ante una complacencia generalizada con la corrupción, o hemos dado un paso más hacia un engranaje de fanatismo ideológico que anestesia cualquier capacidad de juicio crítico?
El contraste histórico es evidente. Del estallido social del 15-M y el fenómeno de los «indignados» que llenó plazas y calles de toda España y que golpeó al bipartidismo rechazando la corrupción de la "casta política" generando con ello nuevas formaciones politicas como Podemos, Ciudadanos, Ecologistas, VOX, etc...
El punto álgido fue la moción de censura de todos contra Rajoy y el PP desalojándolo por la corrupción. El mensaje parecía claro: la ciudadanía fijaba un estándar ético infranqueable, pero lamentablemente, 8 años despues, la corrupción es hoy todavía mucho mayor y escandalosa con exministros condenados a 24 años por malversación y otros multiples delitos que rodean a Pedro Sánchez, a su gobierno y al PSOE..
La "casta política gobernante en el Estado" prescinde abiertamente de cualquier conducta etica, no asume responsabilidades políticas de ninguna clase y tampoco dimite o cesa a los implicados en esas conductas politicamente incorrectas.
Se mantienen a todo trapo en el disfrute y abuso de las instituciones entregadas a manos de grupos organizados para saquear, enchufar, y dilapidar el dinero público.
Se cultiva desde el gobierno, la polarización y división social, se resucita al General Franco, se entierra la transición y el consenso politico de la constitución de 1978.
Desde el propio gobierno y desde los medios de comunicación públicos se señala como fascista o racista a cualquier opinión disidente y se ha instalado abiertamente que quienes gobiernan no lo hacen desde la tolerancia y respeto al pluralismo político, al contrario, se proclama y ejerce el sectarismo y la exclusión de la disidencia.
Este devenir posterior plantea interrogantes sobre la vigencia de ese estándar ético que aupó a Sanchez y al PSOE:
-
Pérdida de exigencia ética: Lo que antaño motivaba dimisiones inmediatas o protestas masivas hoy tiende a ser justificado, minimizado o asimilado dentro de la normalidad institucional por las respectivas parroquias partidistas.
-
Conductas aristocráticas o propia de los Borbones del siglo XIX, viviendo de lujo a cargo del Estado en palacios como el de La Mareta mientras España se incendia por el fuego o una ciudad es invadida por 80.000 marroquies, y el autócrata se fuma un puro a la vista de todos.
-
Polarización como escudo: La estrategia del bloqueo dialéctico —resucitar debates del pasado, encasillar al disidente bajo etiquetas extremas o agitadores de la crispación— ha demostrado ser un cortafuegos sumamente eficaz contra la rendición de cuentas.
-
Anestesia del debate crítico: Amplios sectores de la militancia y el electorado parecen tolerar en «los suyos» conductas, abusos de poder o el uso patrimonialista de los recursos públicos que denunciaron con furia cuando los cometía el adversario.
Es precisamente en este punto donde coinciden la tesis de la corrupción social de Anguita y el fenómeno de la fanatización. Una sociedad no se vuelve apática por accidente; la polarización extrema actúa como un anestésico moral. Cuando la política se consume como un enfrentamiento entre bandos irreconciliables, la ética pública deja de ser un valor absoluto y se convierte en un argumento táctico.
El ciudadano ya no juzga los hechos por su gravedad objetiva, sino en función de quién los comete.
Si la corrupción política logra perpetuarse y enquistarse en las instituciones, no es solo por el cinismo de las élites, sino por la renuncia colectiva a la exigencia democrática.
La verdadera ardedura que sufre hoy el tejido institucional —desde la justicia hasta el parlamento— no deviene únicamente de quienes ostentan el poder, sino de una ciudadanía fragmentada y sectaria que ha sustituido el espíritu crítico por la lealtad ciega a unas siglas.
Especialmente incomprensible es la conducta del PSOE, de PODEMOS Y SUMAR, cuyos cargos y militantes toleran este abuso y ostentanción impropia de una democracia...
Ni siquiera los borbones en su peor versión se hubiesen atrevido a vivir a todo trapo en un Palacio de La Mareta en Lanzarote, mientras el país está incendiado literalmente o una ciudad invadida por 80 mil marroquies.
Nadie puede comprender que la izquierda progresista permita que haya un nuevo monarca del psoe, fumándose un puro, como Nerón viendo arder Roma....pero lo que arde es nuestro pais, nuestras instituciones, nuestra justicia, nuestro congreso de los diputados....y esos cargos públicos y militantes callan ante tal injusticia y abuso del poder.
Pedro Sánchez en el control de frontera de Ceuta. Foto de La Moncloa.
La afirmación que en su día lanzó Julio Anguita -Alcalde de Córdoba y lider de Izquierda Unida— advirtiendo de que una sociedad permisiva con la degradación de sus instituciones termina por ser, en sí misma, una sociedad corrupta— recobra hoy una vigencia desoladora.
Al contemplar la evolución de España durante los últimos doce años, surge un dilema aún más inquietante: ¿estamos únicamente ante una complacencia generalizada con la corrupción, o hemos dado un paso más hacia un engranaje de fanatismo ideológico que anestesia cualquier capacidad de juicio crítico?
El contraste histórico es evidente. Del estallido social del 15-M y el fenómeno de los «indignados» que llenó plazas y calles de toda España y que golpeó al bipartidismo rechazando la corrupción de la "casta política" generando con ello nuevas formaciones politicas como Podemos, Ciudadanos, Ecologistas, VOX, etc...
El punto álgido fue la moción de censura de todos contra Rajoy y el PP desalojándolo por la corrupción. El mensaje parecía claro: la ciudadanía fijaba un estándar ético infranqueable, pero lamentablemente, 8 años despues, la corrupción es hoy todavía mucho mayor y escandalosa con exministros condenados a 24 años por malversación y otros multiples delitos que rodean a Pedro Sánchez, a su gobierno y al PSOE..
La "casta política gobernante en el Estado" prescinde abiertamente de cualquier conducta etica, no asume responsabilidades políticas de ninguna clase y tampoco dimite o cesa a los implicados en esas conductas politicamente incorrectas.
Se mantienen a todo trapo en el disfrute y abuso de las instituciones entregadas a manos de grupos organizados para saquear, enchufar, y dilapidar el dinero público.
Se cultiva desde el gobierno, la polarización y división social, se resucita al General Franco, se entierra la transición y el consenso politico de la constitución de 1978.
Desde el propio gobierno y desde los medios de comunicación públicos se señala como fascista o racista a cualquier opinión disidente y se ha instalado abiertamente que quienes gobiernan no lo hacen desde la tolerancia y respeto al pluralismo político, al contrario, se proclama y ejerce el sectarismo y la exclusión de la disidencia.
Este devenir posterior plantea interrogantes sobre la vigencia de ese estándar ético que aupó a Sanchez y al PSOE:
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Pérdida de exigencia ética: Lo que antaño motivaba dimisiones inmediatas o protestas masivas hoy tiende a ser justificado, minimizado o asimilado dentro de la normalidad institucional por las respectivas parroquias partidistas.
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Conductas aristocráticas o propia de los Borbones del siglo XIX, viviendo de lujo a cargo del Estado en palacios como el de La Mareta mientras España se incendia por el fuego o una ciudad es invadida por 80.000 marroquies, y el autócrata se fuma un puro a la vista de todos.
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Polarización como escudo: La estrategia del bloqueo dialéctico —resucitar debates del pasado, encasillar al disidente bajo etiquetas extremas o agitadores de la crispación— ha demostrado ser un cortafuegos sumamente eficaz contra la rendición de cuentas.
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Anestesia del debate crítico: Amplios sectores de la militancia y el electorado parecen tolerar en «los suyos» conductas, abusos de poder o el uso patrimonialista de los recursos públicos que denunciaron con furia cuando los cometía el adversario.
Es precisamente en este punto donde coinciden la tesis de la corrupción social de Anguita y el fenómeno de la fanatización. Una sociedad no se vuelve apática por accidente; la polarización extrema actúa como un anestésico moral. Cuando la política se consume como un enfrentamiento entre bandos irreconciliables, la ética pública deja de ser un valor absoluto y se convierte en un argumento táctico.
El ciudadano ya no juzga los hechos por su gravedad objetiva, sino en función de quién los comete.
Si la corrupción política logra perpetuarse y enquistarse en las instituciones, no es solo por el cinismo de las élites, sino por la renuncia colectiva a la exigencia democrática.
La verdadera ardedura que sufre hoy el tejido institucional —desde la justicia hasta el parlamento— no deviene únicamente de quienes ostentan el poder, sino de una ciudadanía fragmentada y sectaria que ha sustituido el espíritu crítico por la lealtad ciega a unas siglas.
Especialmente incomprensible es la conducta del PSOE, de PODEMOS Y SUMAR, cuyos cargos y militantes toleran este abuso y ostentanción impropia de una democracia...
Ni siquiera los borbones en su peor versión se hubiesen atrevido a vivir a todo trapo en un Palacio de La Mareta en Lanzarote, mientras el país está incendiado literalmente o una ciudad invadida por 80 mil marroquies.
Nadie puede comprender que la izquierda progresista permita que haya un nuevo monarca del psoe, fumándose un puro, como Nerón viendo arder Roma....pero lo que arde es nuestro pais, nuestras instituciones, nuestra justicia, nuestro congreso de los diputados....y esos cargos públicos y militantes callan ante tal injusticia y abuso del poder.






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