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Redacción
Miércoles, 12 de Agosto de 2026
Riesgo del pozo sin fondo para las arcas públcias

El Estadio de Gran Canaria y la trampa del Mundial

Un capricho que podrá costar 300 millones ya que la segunda licitación de 234 millones deja una cláusula de revisión de precios de materiales abierta a las turbulencias del mercado internacional,

 

       En una Gran Canaria marcada por listas de espera en residencias sociosanitarias, una emergencia habitacional que ahoga a miles de familias y unos servicios públicos bajo constante presión, la administración insular ha decidido embarcarse en un megaproyecto de proporciones faraónicas: la remodelación del Estadio de Gran Canaria para el Mundial de Fútbol de 2030.

 

         Un "lujo asiático" presupuestado al alza por segunda vez en 234 millones de euros, pero cuya letra pequeña esconde una amenaza financiera que puede terminar costando un verdadero disgusto a los contribuyentes.

 

       El problema no es solo la desorbitada cifra de partida, sino el mecanismo elegido para ejecutarla. Con una revisión de precios abierta a las variaciones de costes de materiales que afecta a casi el 60% de la obra, la cifra final es una incógnita absoluta.

 

      En el escenario geopolítico e industrial actual, con materias primas como el acero, el aluminio o el hormigón en clara tendencia al alza, dejar el presupuesto a merced del mercado internacional es una imprudencia supina.

 

              A esta escalada de materias primas se le suma otro factor determinante: la especulación del sector. Los grandes constructores y proveedores conocen perfectamente las exigencias y los plazos inamovibles que impone la FIFA para la cita de 2030.

 

        Saben que el Cabildo no podrá permitirse retrasos, lo que les otorga una posición de fuerza absoluta para elevar los precios en las revisiones. A este ritmo, la cifra final rebasará con holgura la barrera de los 300 millones de euros. Un verdadero saco sin fondo.

 

EL NEGOCIO PRIVADO DE LA FIFA: ¿QUÉ SE LLEVA REALMENTE GRAN CANARIA?

 

               Quienes defienden este desembolso millonario suelen recurrir al manido argumento del "retorno publicitario" y el "impacto global". Sin embargo, un análisis frío de la realidad del torneo desmonta por completo este relato.

 

           Con la decisión de la FIFA de elevar a 64 el número de selecciones participantes, la fase de grupos del Mundial se transformará en una amalgama de partidos de relleno, muchos de ellos sin el menor atractivo mediático ni deportivo. En Gran Canaria no veremos a las grandes potencias disputándose nada decisivo:

 

  • Sin partidos relevantes: La isla solo albergará encuentros menores de la fase inicial. Las rondas eliminatorias decisivas y los duelos entre las grandes potencias de antaño quedan diluidas y reducidas a muy pocos partidos casi en semifinales. El resto será encuentros de muy poco interés y además con selecciones irrelevantes.

  • El reparto del pastel: El partido inaugural se celebrará en Sudamérica para conmemorar el centenario, mientras que la codiciada gran final tiene todas las papeletas de recaer en Marruecos.

 

        El reparto del negocio es flagrante: España y las administraciones locales aportarán los estadios, la financiación, las infraestructuras y la logística hotelera, mientras que la FIFA ingresará los miles de millones de euros generados por derechos de televisión, patrocinios y venta de entradas. Canarias pone la mesa, la vajilla de lujo y paga la cuenta, pero los beneficios millonarios se quedan en las arcas privadas del máximo organismo del fútbol mundial.

 

PRIORIDADES DESCOLOCADAS: RESIDENCIAS Y VIVIENDA FRENTE A HORMIGÓN

 

          Resulta éticamente cuestionable que, mientras la sanidad y la atención a la dependencia sufren por la falta de recursos y las parejas jóvenes se ven imposibilitadas para acceder a un alquiler justo o a una vivienda pública, las prioridades del gasto público se desvíen hacia el cemento y la estética de un recinto deportivo de uso puntual.

 

¿Cuántas residencias sociosanitarias para nuestros mayores se podrían construir y dotar de personal con 300 millones de euros? ¿Cuántas promociones de vivienda pública en alquiler social se podrían ejecutar en los municipios de la isla con ese presupuesto?

 

        Gastar una suma colosal en una obra que no justifica su retorno, hipotecando el presupuesto insular durante años por las exigencias de un evento privado, no es inversión; es una temeridad financiera.

 

      Las necesidades reales de los grancanarios no están en el césped de un estadio remodelado, sino en las calles, en las casas y en los centros asistenciales que llevan años esperando los recursos que ahora se van a diluir en el pozo sin fondo del Mundial 2030.

 

 

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