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Marcelo Valerón
Martes, 11 de Agosto de 2026
Bajo el signo de la indolencia de la alcaldesa

Atascos y LPGC con las patas arriba bajo la indolencia

Asfaltado calle Luis Antunez con Nestor de la Torre. Foto JmorenoAsfaltado calle Luis Antunez con Nestor de la Torre. Foto Jmoreno

La falta de planificación en el tráfico colapsa la capital grancanaria en una jornada negra que evoca los peores fantasmas de la nefasta gestión socialista de los años ochenta.

 

             Hay días en los que una ciudad no solo sufre la mala suerte, sino la manifiesta incompetencia de quienes la dirigen. Lo vivido este lunes en Las Palmas de Gran Canaria no fue un hecho aislado ni un imprevisto meteorológico: fue la crónica anunciada de un caos circulatorio provocado por la falta absoluta de planificación, la desidia administrativa y una gestión del tráfico que roza la indolencia.

 

           Sabiendo de antemano que el cierre parcial del viaducto del Guiniguada para labores de impermeabilización —primero en el carril de entrada y ahora en el de salida de la ciudad— desviaría de forma masiva el flujo vehicular de la circunvalación hacia el cuello de botella de los túneles de Julio Luengo y la GC-1, la respuesta del Ayuntamiento fue añadir más leña al fuego.

 

          En plena hora punta de la tarde, mientras miles de vecinos intentaban regresar a sus hogares, la ciudad amanecía con el asfaltado en la calle Luis Antúnez (desde Néstor de la Torre hacia Italia y Barcelona) y, para mayor despropósito, con la autorización de estacionamiento para un camión de suministro de agua en pleno cruce de Néstor de la Torre con Luis Antúnez, anulando el carril derecho a las tres de la tarde. El resultado: un atasco monumental que paralizó el centro de la capital y desquició a miles de conductores.

 

EL DEJA VÙ DE LA INCOMPETENCIA: DE RODRÍGUEZ DORESTE A CAROLINA DARIAS

 

            [Img #8640] Para los vecinos con memoria histórica, el colapso de este lunes trajo de inmediato un amargo déjà vu. La situación actual que atraviesa Las Palmas de Gran Canaria recuerda de forma alarmante al nefasto periodo del también alcalde socialista Juan Rodríguez Doreste (1983-1987).

 

          Aquella época quedó grabada a fuego en el ideario colectivo cuando las obras de los tramos VI y VII de la Avenida Marítima, ejecutadas sin la más mínima previsión, bloquearon totalmente el Puerto, La Isleta y el corazón comercial de la ciudad.

 

    Los perjuicios económicos de aquella gestión improvisada fueron inconmensurables, desencadenando históricas protestas y el bloqueo de la capital por parte del sector del taxi, encabezado en su momento por Juan Michel —quien, como reflejo del monumental cabreo ciudadano, terminaría siendo elegido concejal por el CDS en la siguiente legislatura—.

 

        Hoy, cuatro décadas después, la historia se repite casi punto por punto: la misma prepotencia, la misma incapacidad manifiesta para coordinar dos obras simultáneas como la metroguagua, el viaducto o un simple asfaltado y, sobretodo la misma altanería institucional encabezada por la alcaldesa Carolina Darias.

 

UNA CIUDAD PATAS ARRIBA: DE LAS PLAGAS A LOS JUZGADOS

 

      El colapso del tráfico no es más que la punta del iceberg de un municipio abandonado a su suerte mientras sus dirigentes parecen más preocupados por la agenda política nacional que por la gestión del día a día. La parálisis municipal se palpa en cada rincón de la capital:

 

  • Plagas y abandono higiénico: La presencia de roedores e insectos ha pasado de ser un problema puntual a una crisis permanente. Tras el reciente e indignante episodio en el barrio de Arenales, la imagen de la ciudad tocó fondo cuando los propios vecinos de Santa Catalina tuvieron que sufragar de su bolsillo una colecta para fumigar Catalina Park, infestado de chinches, pulgas y garrapatas. Todo ello mientras millones de euros del presupuesto municipal quedan sin ejecutar en las partidas destinadas a desratización, desinsectación y limpieza básica.

  • Vertederos urbanos y suciedad incrustada: En el entorno de la zona comercial de Santa Catalina, las obras eternas lucen rodeadas de vallas que transforman solares en auténticos vertederos improvisados, donde los malos olores y la mugre incrustada en aceras y plazas son la carta de presentación ante vecinos y visitantes.

  • Bajo la sombra de la corrupción: Para rematar el cuadro de descomposición institucional, las empresas municipales de Urbanismo y Promoción Económica se encuentran bajo la lupa de la investigación judicial por presuntos delitos de malversación de caudales públicos y contratos inflados.

 

EL PRECIO DE LA SOBERBIA

 

         Las Palmas de Gran Canaria padece hoy las consecuencias de un modelo de gobierno agotado, caracterizado por la falta de empatía hacia el ciudadano que paga sus impuestos y soporta el estropicio diario.

 

       Cuando la respuesta a la incompetencia operativa es la altanería política, las consecuencias las pagan los comerciantes que pierden clientes, los trabajadores atrapados en colapsos kilométricos y los vecinos que ven cómo su ciudad se degrada día a día.

 

     40 años después de las oscuras jornadas de Rodríguez Doreste, la capital vuelve a quedar atrapada en el laberinto de la mala gestión. La ciudadanía, cansada de discursos y falta de soluciones, observa con indignación cómo la incompetencia vuelve a tomar el control del volante.

 

 

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