La financiación autonómica
El Platito de lentejas de CC y la mesa del dinero estatal
Clavijo ha vuelto a asumir su papel histórico en la Corte: el vasallo que se sienta a la mesa de la servidumbre a recoger las migajas que caen de los grandes señores del Estado.
Resulta verdaderamente sonrojante presenciar el despliegue de fuegos artificiales con el que las filas de Coalición Canaria pretenden vender como una "victoria histórica" su respaldo al nuevo modelo de financiación autonómica de Pedro Sánchez. Vender una ficción contable es fácil; sostenerla ante el rigor de los números y el sentido común, algo imposible.
Nos dicen, con el pecho henchido de orgullo, que el pacto garantiza más de 1.300 millones de euros adicionales para Canarias —algunos portavoces elevan con generosidad propagandística la cifra a los 1.600 millones— y nos venden la famosa condonación de deuda como un regalo del cielo.
Sin embargo, la brecha evidente entre los socios del Gobierno canario (el PP desmarcándose radicalmente de la foto mientras CC sonríe junto a los ministros del PSOE) obliga a cualquier analista honesto a hacerse las preguntas que la propaganda oficial prefiere esquivar.
¿Dónde está la trampa? Si de repente todas y cada una de las comunidades ganan miles de millones adicionales, ¿de dónde sale la varita mágica?
La respuesta es tan vieja como la demagogia presupuestaria: han puesto a funcionar la maquinaria de fabricar mas dinero y mas gasto, financiándolo con cargo a una deuda estatal que, tarde o temprano, habrá que pagar.
Pero lo más sangrante no es la ingeniería contable, sino la flagrante injusticia del reparto. Mientras a Canarias le lanzan las sobras del banquete, a otras comunidades —con Cataluña a la cabeza— se les perdonan volúmenes de deuda escandalosos.
Hablando claro y en plata: la deuda condonada no se evapora en el aire, la asume el Estado. Es decir, el despilfarro acumulado durante décadas por administraciones irresponsables lo pagamos entre todos los españoles.
Los excesos de la fastuosa televisión pública catalana, sus embajadas en el extranjero y su elefantiásica red de subvenciones para la corte del régimen se pagan hoy, en la práctica, con el esfuerzo de los contribuyentes de todo el país, incluidos los canarios.
En cambio, para las autonomías que durante décadas han sido fiscalmente serias y responsables, conteniendo el déficit y gestionando con rigor —como ha sido el caso de Canarias—, el castigo es el desprecio.
La lección de Pedro Sánchez es demoledora: la prudencia no se premia; el despilfarro se recompensa. Si en las Islas sufrimos la falta de más centros sociosanitarios, residencias de mayores o el colapso de nuestras urgencias hospitalarias, es en gran parte porque la riqueza nacional se desvía prioritariamente a enjugar las facturas del fiado ajeno.
Y aquí es donde el papel de Coalición Canaria resulta especialmente dramático. Nos quieren hacer creer que este dinero extra es el fruto de una magistral capacidad de negociación y presión sobre la Moncloa.
Pero la realidad es que Fernando Clavijo y su partido no pintan nada en el tablero nacional desde hace años. Nos conformamos con un simple platito de lentejas porque en Madrid saben perfectamente que desde Canarias nadie les va a apretar las tuercas.
El PSOE isleño no pasa de ser un grupo de comparsas serviles a los mandatos de su líder indiscutible, incapaces de alzar la voz por la dignidad de esta tierra si eso incomoda a Moncloa. Pero el "modo canario de hacer política" del que alardea CC no es más que el eufemismo de una absoluta falta de peso político.
¡Qué diferencia tan abismal con los nacionalistas catalanes, vascos, navarros e incluso con los bloques de Galicia o Baleares! En esas latitudes, el voto no se regala. Sánchez pasa todos los días por la taquilla de sus exigencias; no se aprueba un solo Real Decreto ni un presupuesto sin que medien contraprestaciones multimillonarias y cesiones de calado para sus respectivas comunidades.
En Canarias, sin embargo, impera el "siguanismo" al poder central. Sorprende la rapidez con la que el presidente Clavijo olvida los desaires, los desplantes informativos y la falta de empatía mostrada por el Gobierno de España en crisis tan delicadas como la migratoria o la del hantavirus. A la primera oportunidad, se inclina el lomo, se acepta el plato de lentejas y se firma lo que pongan por delante.
Canarias ha vuelto a asumir resignadamente su papel histórico en la Corte: el de la comunidad periférica que se sienta a la mesa de los desperdicios a recoger las migajas que caen de los grandes señores del Estado.
Ni estamos en el centro del debate, ni se nos espera, mientras sigamos gobernados por quienes confunden la sumisión con la eficacia y el conformismo con la victoria.

Resulta verdaderamente sonrojante presenciar el despliegue de fuegos artificiales con el que las filas de Coalición Canaria pretenden vender como una "victoria histórica" su respaldo al nuevo modelo de financiación autonómica de Pedro Sánchez. Vender una ficción contable es fácil; sostenerla ante el rigor de los números y el sentido común, algo imposible.
Nos dicen, con el pecho henchido de orgullo, que el pacto garantiza más de 1.300 millones de euros adicionales para Canarias —algunos portavoces elevan con generosidad propagandística la cifra a los 1.600 millones— y nos venden la famosa condonación de deuda como un regalo del cielo.
Sin embargo, la brecha evidente entre los socios del Gobierno canario (el PP desmarcándose radicalmente de la foto mientras CC sonríe junto a los ministros del PSOE) obliga a cualquier analista honesto a hacerse las preguntas que la propaganda oficial prefiere esquivar.
¿Dónde está la trampa? Si de repente todas y cada una de las comunidades ganan miles de millones adicionales, ¿de dónde sale la varita mágica?
La respuesta es tan vieja como la demagogia presupuestaria: han puesto a funcionar la maquinaria de fabricar mas dinero y mas gasto, financiándolo con cargo a una deuda estatal que, tarde o temprano, habrá que pagar.
Pero lo más sangrante no es la ingeniería contable, sino la flagrante injusticia del reparto. Mientras a Canarias le lanzan las sobras del banquete, a otras comunidades —con Cataluña a la cabeza— se les perdonan volúmenes de deuda escandalosos.
Hablando claro y en plata: la deuda condonada no se evapora en el aire, la asume el Estado. Es decir, el despilfarro acumulado durante décadas por administraciones irresponsables lo pagamos entre todos los españoles.
Los excesos de la fastuosa televisión pública catalana, sus embajadas en el extranjero y su elefantiásica red de subvenciones para la corte del régimen se pagan hoy, en la práctica, con el esfuerzo de los contribuyentes de todo el país, incluidos los canarios.
En cambio, para las autonomías que durante décadas han sido fiscalmente serias y responsables, conteniendo el déficit y gestionando con rigor —como ha sido el caso de Canarias—, el castigo es el desprecio.
La lección de Pedro Sánchez es demoledora: la prudencia no se premia; el despilfarro se recompensa. Si en las Islas sufrimos la falta de más centros sociosanitarios, residencias de mayores o el colapso de nuestras urgencias hospitalarias, es en gran parte porque la riqueza nacional se desvía prioritariamente a enjugar las facturas del fiado ajeno.
Y aquí es donde el papel de Coalición Canaria resulta especialmente dramático. Nos quieren hacer creer que este dinero extra es el fruto de una magistral capacidad de negociación y presión sobre la Moncloa.
Pero la realidad es que Fernando Clavijo y su partido no pintan nada en el tablero nacional desde hace años. Nos conformamos con un simple platito de lentejas porque en Madrid saben perfectamente que desde Canarias nadie les va a apretar las tuercas.
El PSOE isleño no pasa de ser un grupo de comparsas serviles a los mandatos de su líder indiscutible, incapaces de alzar la voz por la dignidad de esta tierra si eso incomoda a Moncloa. Pero el "modo canario de hacer política" del que alardea CC no es más que el eufemismo de una absoluta falta de peso político.
¡Qué diferencia tan abismal con los nacionalistas catalanes, vascos, navarros e incluso con los bloques de Galicia o Baleares! En esas latitudes, el voto no se regala. Sánchez pasa todos los días por la taquilla de sus exigencias; no se aprueba un solo Real Decreto ni un presupuesto sin que medien contraprestaciones multimillonarias y cesiones de calado para sus respectivas comunidades.
En Canarias, sin embargo, impera el "siguanismo" al poder central. Sorprende la rapidez con la que el presidente Clavijo olvida los desaires, los desplantes informativos y la falta de empatía mostrada por el Gobierno de España en crisis tan delicadas como la migratoria o la del hantavirus. A la primera oportunidad, se inclina el lomo, se acepta el plato de lentejas y se firma lo que pongan por delante.
Canarias ha vuelto a asumir resignadamente su papel histórico en la Corte: el de la comunidad periférica que se sienta a la mesa de los desperdicios a recoger las migajas que caen de los grandes señores del Estado.
Ni estamos en el centro del debate, ni se nos espera, mientras sigamos gobernados por quienes confunden la sumisión con la eficacia y el conformismo con la victoria.








Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.103