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Redacción
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Crece el poblado de chabolas

Paripé del pleno de Telde con Hoyapozuelo y su chabolismo

Julio 2024, el alcalde con 100 vecinos de la AV Las Olas  por las chabolasJulio 2024, el alcalde con 100 vecinos de la AV Las Olas por las chabolas

Hipocresía compartida por todos los grupos políticos frente al crecimiento de chabolas en la costa de Playa del Hombre y Hoya del Pozo.

 

 

            El Pleno del Ayuntamiento de Telde volvió a escenificar uno de sus pasajes teatrales más perfeccionados: el acuerdo por unanimidad. En esta ocasión, el decorado de la función era el grupo de chabolas plenamente consolidadas en el litoral de Playa de Hoya del Pozo y Playa del Hombre, y la excusa la propició una moción para erradicar este asentamiento ilegal en la costa teldense.

 

          La propuesta inicial, promovida por los concejales que aún no han abandonado las filas de Nueva Canarias (NC), planteaba fijar un plan integral de actuación ejecutable en el plazo de tres meses.

 

         Sin embargo, la alta política local no tardó en sacar el borrador de la concertación y aplicar el matiz mágico: sustituir los tres meses por el etéreo compromiso de actuar «en el menor tiempo posible». Un eufemismo perfecto para garantizar que nada cambie y que el asunto se traspase, expediente a expediente, al siguiente mandato.

 

             Todo el arco plenario —desde la izquierda hasta la derecha, pasando por el Gobierno municipal, la oposición y los ediles no adscritos— levantó la mano en señal de aprobación. Un auténtico paripé institucional cuyo único objetivo era salir del paso, quedar bien ante la parroquia y apaciguar momentáneamente las protestas de los vecinos de la zona y de la Asociación Vecinal Las Olas, quienes llevan tiempo exigiendo una intervención contundente e inmediata.

 

La pirueta ideológica de la izquierda

 

                   Lo más llamativo de la sesión no fue la unanimidad en sí, sino las piruetas discursivas para justificar el voto. Tanto Nueva Canarias como el PSOE tardaron segundos en saltar a la palestra para aclarar que esta medida «no pretende criminalizar a nadie». Faltaría más. Ambas formaciones, cuyos planteamientos a nivel nacional y autonómico han sido manifiestamente permisivos con el fenómeno de la okupación, necesitaban hacer equilibrios entre la retórica del auxilio social y el malestar de los vecinos empadronados que sí pagan sus impuestos.

 

                      Una postura acomodaticia que busca la foto de la empatía vecinal sin despeinarse el discurso político habitual.

 

                     Por su parte, el resto de la corporación —Gobierno municipal incluido— prefirió parapetarse tras el argumento comodín de la «intervención social integral». El propio alcalde no dudó en excusarse reconociendo que los servicios municipales no han dado con la tecla ni con la solución hasta el momento, sumándose gustoso a un texto que nace diluido. Se aprueba la moción, se vende titular de unidad política y, a otra cosa.

 

Un nuevo brindis al sol en la costa

 

             Este acuerdo tiene todos los ingredientes para convertirse en lo que en Telde ya es una tradición: un brindis al sol. Una declaración de buenas intenciones sin calendario, sin presupuesto asignado y sin fiscalización real. A la clase política teldense no le urge terminar con el chabolismo en el litoral, ni le quita el sueño cumplir las demandas de esta franja de la costa.

 

            Históricamente, Hoya del Pozo y Playa del Hombre han sido tratadas con un desdén institucional llamativo. Durante décadas, sus residentes han convivido con vertidos incontrolados, olores insoportables y la presencia de una depuradora a cielo abierto en sus propias narices a la que nadie ha tenido la voluntad de techar o modernizar adecuadamente.

 

La hipocresía compartida: La falta de movilización

 

          Sin embargo, en esta ecuación hay una responsabilidad compartida. Este entorno del litoral teldense, conformado mayoritariamente por chalets y residentes de poder adquisitivo medio-alto, ha destacado históricamente por su escasa o nula capacidad de movilización social. Salvo quejas puntuales en redes o escritos de la directiva vecinal de turno, no se ve a la comunidad salir a la calle, protestar en masa ante el Ayuntamiento ni exigir responsabilidades con la contundencia que se ve en otros barrios del municipio.

 

             Quizás instalados en un cierto confort de vida, los vecinos han asumido el deterioro de su entorno como un mal menor. Y los grupos políticos, que conocen perfectamente esta dinámica y saben que el coste electoral en esa zona es mínimo, actúan pagando con la misma moneda: hipocresía por conformismo.

 

            El resultado de la función plenaria está servido. Las chabolas seguirán en la costa, se incrementará los problemas de insalubridad publica, basuras, excrementos, roedores a tutiplen que servirá de perfecto adorno a los vertidos y los malos olores marcando el día a día del litoral, y todos los concejales podrán argumentar que ellos cumplieron votando a favor.

 

         Un pacto de silencio y apariencias donde la única certeza es que el «menor tiempo posible» significará, como casi siempre en Telde, nunca.

 

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