Sigue el despilfarro y la demolición de infraestructuras
Sube a 234 millones las obras del Estadio para el mundial
Visita al estadio en mayo 2023 de la Comisión del Mundial 2030.
Se olvidan del coste que pagamos por el estadio actual para que caiga a manos de la picareta loca que manejan desde el Cabildo y Ayuntamiento.
La espiral del despilfarro no tiene limites, nuestros politicos del Cabildo, Ayuntamiento y Gobierno de Canarias suben a 234 millones para un estadio que ya tenemos mientras las prioridades sociales se derrumban
Con esta decisión se confirma que la política del cheque en blanco vuelve a dar un golpe terrible a las arcas públicas de Gran Canaria. El Cabildo anuncia que volverá a licitar las obras de remodelación del Estadio de Gran Canaria para adaptarlo a las exigencias del Mundial 2030, esta vez por la desorbitada cifra de 234 millones de euros.
La deriva económica de este proyecto roza lo absurdo. El concurso de ideas que ganó el proyecto La Nube partía de un presupuesto inicial de 114 millones de euros. Con el tiempo, la cifra se incrementó a 174 millones, pero la licitación quedó completamente desierta: ninguna empresa quiso acudir al concurso alegando que los precios estaban fuera de mercado.
Ahora, tras una inyección de capital extra a cuatro bandas —Cabildo de Gran Canaria, Gobierno de Canarias, Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y la propia UD Las Palmas S.A.D.—, las instituciones confían en que alguna constructora acepte el encargo.
Sin embargo, este nuevo montante tampoco garantiza que 234 millones vayan a ser el coste definitivo. Con los antecedentes de la obra pública en la isla, la factura final sigue siendo una incógnita.
Un estadio reciente arrojado a la basura institucional
El actual estadio de Gran Canaria ha experimentado varias obras de remodelación y adaptación, de tal manera que sigue estando apto para su función (cumple con los requisitos de La Liga de Futbol Profesional de España), y por tanto todavía no está amortizada la inversión ni se ha cubierto su vida util.
Entonces, la cuestión de fondo que indigna a la ciudadanía es la desconexión total de la clase política actual con la realidad y las reglas básicas del buen gobierno. Vivimos instalados en una dinámica de grandes obras públicas a cualquier precio, donde los recursos invertidos en el pasado reciente parecen no valer nada.
Cabe recordar que el Estadio de Gran Canaria es una infraestructura relativamente nueva que costó en su día miles de millones de las antiguas pesetas del bolsillo de los contribuyentes. Hoy, esa obra se da implícitamente por inservible para someterla a una reforma descomunal. Todo para poner el dinero público al servicio del negocio privado de la FIFA, del fútbol profesional y de una Sociedad Anónima Deportiva.
La pregunta que se hace la calle es inevitable: ¿Acaso no es infinitamente más urgente y necesario destinar ese volumen de recursos a la construcción de vivienda pública o a residencias sociosanitarias para nuestros mayores?
La fiebre de la picareta que demuele lo existente
Esta gestión alegre de los recursos públicos no es un hecho aislado; responde a un modelo de gobierno capitaneado por el pacto entre el PSOE y Nueva Canarias en las principales instituciones. La actual alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria y sus socios parecen haber adoptado la piqueta como principal herramienta de planificación urbana, destruyendo infraestructuras consolidadas que costaron cifras millonarias:
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El proyecto del Barranco del Guiniguada: Se ha aprobado demoler y levantar la gran obra de canalización del barranco y la autovía proyectadas en 1972 —que garantizaban la salida hacia Tafira y el centro de la isla— para dejar el barranco al aire y construir un bulevar.
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El Colegio Universitario de Medicina: Un edificio con valor histórico para la isla que fue derribado por completo sin dejar rastro de su estructura.
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El Pabellón Insular de la Avenida Marítima: Tirado abajo o en esqueleto para volver a construirlo casi desde cero, sumando otra millonada al contador del gasto público.
Si la prioridad municipal era transformar la ciudad o reducir las molestias a los vecinos, cabría preguntarse por qué no se proyecta, por ejemplo, un sambódromo definitivo para el Carnaval que resuelva de una vez por todas los recurrentes problemas de ruido en los barrios residenciales.
La paradoja del patrimonio abandonado: La Casa del Niño
Resulta doloroso comprobar cómo, mientras los millones fluyen con soltura para estadios de fútbol y demoliciones millonarias, joyas arquitectónicas de Canarias sufren un abandono sangrante.
El ejemplo más sangrante es la Casa del Niño, un inmueble de enorme valor patrimonial e histórico situado en la capital que continúa cayéndose a cachos por la falta de inversión y mantenimiento.
La ciudadanía contempla con estupor cómo la clase política afirma no tener recursos para responder a la crisis de la vivienda o la dependencia, mientras encuentra de forma repentina mas de 200 millones de euros para reformar un recinto deportivo que ya está construido y cumple perfectamente sus funciones.
Una espiral de gasto insostenible que vuelve a poner de manifiesto la enorme brecha entre las prioridades de los gobernantes y las necesidades reales de la población. Y teniendo en cuenta los antecedentes conocidos por todos de cuales han sido las motivaciones de muchas adjudicaciones de obras, la duda o mejor dicho la sombra de la sospecha es que hay gato encerrado, y los tentáculos económicos del Mundial y la FIFA son muchos.
Visita al estadio en mayo 2023 de la Comisión del Mundial 2030.La espiral del despilfarro no tiene limites, nuestros politicos del Cabildo, Ayuntamiento y Gobierno de Canarias suben a 234 millones para un estadio que ya tenemos mientras las prioridades sociales se derrumban
Con esta decisión se confirma que la política del cheque en blanco vuelve a dar un golpe terrible a las arcas públicas de Gran Canaria. El Cabildo anuncia que volverá a licitar las obras de remodelación del Estadio de Gran Canaria para adaptarlo a las exigencias del Mundial 2030, esta vez por la desorbitada cifra de 234 millones de euros.
La deriva económica de este proyecto roza lo absurdo. El concurso de ideas que ganó el proyecto La Nube partía de un presupuesto inicial de 114 millones de euros. Con el tiempo, la cifra se incrementó a 174 millones, pero la licitación quedó completamente desierta: ninguna empresa quiso acudir al concurso alegando que los precios estaban fuera de mercado.
Ahora, tras una inyección de capital extra a cuatro bandas —Cabildo de Gran Canaria, Gobierno de Canarias, Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y la propia UD Las Palmas S.A.D.—, las instituciones confían en que alguna constructora acepte el encargo.
Sin embargo, este nuevo montante tampoco garantiza que 234 millones vayan a ser el coste definitivo. Con los antecedentes de la obra pública en la isla, la factura final sigue siendo una incógnita.
Un estadio reciente arrojado a la basura institucional
El actual estadio de Gran Canaria ha experimentado varias obras de remodelación y adaptación, de tal manera que sigue estando apto para su función (cumple con los requisitos de La Liga de Futbol Profesional de España), y por tanto todavía no está amortizada la inversión ni se ha cubierto su vida util.
Entonces, la cuestión de fondo que indigna a la ciudadanía es la desconexión total de la clase política actual con la realidad y las reglas básicas del buen gobierno. Vivimos instalados en una dinámica de grandes obras públicas a cualquier precio, donde los recursos invertidos en el pasado reciente parecen no valer nada.
Cabe recordar que el Estadio de Gran Canaria es una infraestructura relativamente nueva que costó en su día miles de millones de las antiguas pesetas del bolsillo de los contribuyentes. Hoy, esa obra se da implícitamente por inservible para someterla a una reforma descomunal. Todo para poner el dinero público al servicio del negocio privado de la FIFA, del fútbol profesional y de una Sociedad Anónima Deportiva.
La pregunta que se hace la calle es inevitable: ¿Acaso no es infinitamente más urgente y necesario destinar ese volumen de recursos a la construcción de vivienda pública o a residencias sociosanitarias para nuestros mayores?
La fiebre de la picareta que demuele lo existente
Esta gestión alegre de los recursos públicos no es un hecho aislado; responde a un modelo de gobierno capitaneado por el pacto entre el PSOE y Nueva Canarias en las principales instituciones. La actual alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria y sus socios parecen haber adoptado la piqueta como principal herramienta de planificación urbana, destruyendo infraestructuras consolidadas que costaron cifras millonarias:
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El proyecto del Barranco del Guiniguada: Se ha aprobado demoler y levantar la gran obra de canalización del barranco y la autovía proyectadas en 1972 —que garantizaban la salida hacia Tafira y el centro de la isla— para dejar el barranco al aire y construir un bulevar.
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El Colegio Universitario de Medicina: Un edificio con valor histórico para la isla que fue derribado por completo sin dejar rastro de su estructura.
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El Pabellón Insular de la Avenida Marítima: Tirado abajo o en esqueleto para volver a construirlo casi desde cero, sumando otra millonada al contador del gasto público.
Si la prioridad municipal era transformar la ciudad o reducir las molestias a los vecinos, cabría preguntarse por qué no se proyecta, por ejemplo, un sambódromo definitivo para el Carnaval que resuelva de una vez por todas los recurrentes problemas de ruido en los barrios residenciales.
La paradoja del patrimonio abandonado: La Casa del Niño
Resulta doloroso comprobar cómo, mientras los millones fluyen con soltura para estadios de fútbol y demoliciones millonarias, joyas arquitectónicas de Canarias sufren un abandono sangrante.
El ejemplo más sangrante es la Casa del Niño, un inmueble de enorme valor patrimonial e histórico situado en la capital que continúa cayéndose a cachos por la falta de inversión y mantenimiento.
La ciudadanía contempla con estupor cómo la clase política afirma no tener recursos para responder a la crisis de la vivienda o la dependencia, mientras encuentra de forma repentina mas de 200 millones de euros para reformar un recinto deportivo que ya está construido y cumple perfectamente sus funciones.
Una espiral de gasto insostenible que vuelve a poner de manifiesto la enorme brecha entre las prioridades de los gobernantes y las necesidades reales de la población. Y teniendo en cuenta los antecedentes conocidos por todos de cuales han sido las motivaciones de muchas adjudicaciones de obras, la duda o mejor dicho la sombra de la sospecha es que hay gato encerrado, y los tentáculos económicos del Mundial y la FIFA son muchos.






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