Nadie asume el coste político
La moda del verano: playas con bacterias E-Colis
Playa de Gran Canaria. Foto Jmoreno
Desde los Charcones de Bañaderos a playa jardin del Puerto de la Cruz, el mar que nos rodea lleno de aguas residuales de 15 millones de turistas y 2 millones de residentes
La 'Escherichia coli' desnuda a nuestras instituciones, ya que esta bacteria procedente de los residuos fecales humanos llegan a la costa sin depuración suficiente o incluso directamente porque se supera la capacidad del volumen de las aguas residuales a tratar.
Dos incidentes, uno en el Puerto de la Cruz y otro con el Ayuntamiento de Arucas, en los que destaca el cinismo municipal que oculta con eufemismos o retrasa la comunicación de la contaminación en las playas para no dañar la postal turística, junto a la inacción crónica de Cabildos y Gobierno regional, las aguas de las islas pagan el precio de un modelo desbordado.
La excusa del "correo no leído" y el miedo a la foto
Pocas cosas retratan mejor la altura moral de nuestra gestión pública que la reacción de un ayuntamiento ante un problema de salud pública en pleno verano. En el Puerto de La Cruz, la presencia de bacterias de origen fecal (Escherichia coli) en zonas de baño de la costa obligó a la corporación local a dar explicaciones bochornosas en sede plenaria. Tras negar inicialmente la evidencia, tuvieron que admitir la alerta de Sanidad. ¿La justificación oficial? Que el aviso sanitario les había llegado días antes, pero que "no lo habían visto".
Hay que tener la cara de cemento armado. Pretender que la ciudadanía se crea que una notificación urgente de riesgo para la salud humana se queda traspapelada en la bandeja de entrada durante días es tomar por tontos a los vecinos.
Lo que realmente ocurrió es tan viejo como la política de escaparate: el pánico al coste político de izar la bandera roja en plena temporada alta.
En Arucas el guion no ha sido muy diferente con los vertidos que han afectado al entorno de Los Charcones de Bañaderos. Allí, en lugar de decretar un cierre rotundo e intransigente para proteger al bañista, se opta por la fórmula tibia de la "recomendación de no bañarse". Se lavan las manos con un cartelito discreto mientras miran para otro lado, prefiriendo que haya un riesgo (aunque sea menor) para la salud de la gente antes que asumir el impacto en la imagen turística del municipio.
Un archipiélago rodeado de excrementos
Detrás del eslogan institucional del "paraíso natural", la realidad costera de Canarias huele mal. La proliferación de E. coli no es un fenómeno meteorológico ni una desgracia divina; es, hablando en plata, la consecuencia directa de llenar el mar de aguas residuales sin tratar o mal depuradas.
El cálculo es sencillo y sonrojante:
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Presión demográfica récord: A los más de dos millones de residentes habituales y a la población flotante no censada, se le suman cada año unos 15 millones de turistas.
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Infraestructuras obsoletas: Se exige un volumen de consumo y generación de residuos propio de una potencia industrial, pero con una red de saneamiento y depuración del siglo pasado.
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El resultado: Kilómetros de tuberías y emisarios —muchos de ellos ilegales o averiados— arrojando toneladas de materia fecal al océano diariamente.
Gobiernos y Cabildos: Risotadas, festejos y basura sin destino
Mientras las playas se contaminan, el Gobierno de Canarias vive en una realidad paralela de festejos, campañas publicitarias y fotos de protocolo, ignorando que el modelo ha tocado techo por abajo, por el saneamiento básico.
La responsabilidad de los Cabildos insulares es aún más grave por sus competencias directas. En Gran Canaria, el equipo de Antonio Morales sigue instalado en la indefinición y la propaganda verde mientras se aproximan plazos críticos. Con el cierre inminente en un par de años de los grandes vertederos de El Salto del Negro y Juan Grande, la ciudadanía se pregunta:
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¿Dónde está el plan real para la gestión de los residuos continentales de la isla?
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¿Cuándo se va a acometer una inversión multimillonaria e integral en depuradoras de última generación a lo largo de todo el litoral?
Canarias no puede seguir vendiéndose al mundo como un edén ecológico mientras sus habitantes y visitantes se bañan entre bacterias fecales por la cobardía de alcaldes que camuflan informes y la incapacidad o perversión del Ejecutivo regional que prrefiere no invertir en lo esencial. Si no se prioriza la salud pública y el vertido cero sobre la foto de postal, el paraíso terminará convertido, definitivamente, en una gran cloaca con vistas al Atlántico.
Playa de Gran Canaria. Foto JmorenoLa 'Escherichia coli' desnuda a nuestras instituciones, ya que esta bacteria procedente de los residuos fecales humanos llegan a la costa sin depuración suficiente o incluso directamente porque se supera la capacidad del volumen de las aguas residuales a tratar.
Dos incidentes, uno en el Puerto de la Cruz y otro con el Ayuntamiento de Arucas, en los que destaca el cinismo municipal que oculta con eufemismos o retrasa la comunicación de la contaminación en las playas para no dañar la postal turística, junto a la inacción crónica de Cabildos y Gobierno regional, las aguas de las islas pagan el precio de un modelo desbordado.
La excusa del "correo no leído" y el miedo a la foto
Pocas cosas retratan mejor la altura moral de nuestra gestión pública que la reacción de un ayuntamiento ante un problema de salud pública en pleno verano. En el Puerto de La Cruz, la presencia de bacterias de origen fecal (Escherichia coli) en zonas de baño de la costa obligó a la corporación local a dar explicaciones bochornosas en sede plenaria. Tras negar inicialmente la evidencia, tuvieron que admitir la alerta de Sanidad. ¿La justificación oficial? Que el aviso sanitario les había llegado días antes, pero que "no lo habían visto".
Hay que tener la cara de cemento armado. Pretender que la ciudadanía se crea que una notificación urgente de riesgo para la salud humana se queda traspapelada en la bandeja de entrada durante días es tomar por tontos a los vecinos.
Lo que realmente ocurrió es tan viejo como la política de escaparate: el pánico al coste político de izar la bandera roja en plena temporada alta.
En Arucas el guion no ha sido muy diferente con los vertidos que han afectado al entorno de Los Charcones de Bañaderos. Allí, en lugar de decretar un cierre rotundo e intransigente para proteger al bañista, se opta por la fórmula tibia de la "recomendación de no bañarse". Se lavan las manos con un cartelito discreto mientras miran para otro lado, prefiriendo que haya un riesgo (aunque sea menor) para la salud de la gente antes que asumir el impacto en la imagen turística del municipio.
Un archipiélago rodeado de excrementos
Detrás del eslogan institucional del "paraíso natural", la realidad costera de Canarias huele mal. La proliferación de E. coli no es un fenómeno meteorológico ni una desgracia divina; es, hablando en plata, la consecuencia directa de llenar el mar de aguas residuales sin tratar o mal depuradas.
El cálculo es sencillo y sonrojante:
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Presión demográfica récord: A los más de dos millones de residentes habituales y a la población flotante no censada, se le suman cada año unos 15 millones de turistas.
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Infraestructuras obsoletas: Se exige un volumen de consumo y generación de residuos propio de una potencia industrial, pero con una red de saneamiento y depuración del siglo pasado.
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El resultado: Kilómetros de tuberías y emisarios —muchos de ellos ilegales o averiados— arrojando toneladas de materia fecal al océano diariamente.
Gobiernos y Cabildos: Risotadas, festejos y basura sin destino
Mientras las playas se contaminan, el Gobierno de Canarias vive en una realidad paralela de festejos, campañas publicitarias y fotos de protocolo, ignorando que el modelo ha tocado techo por abajo, por el saneamiento básico.
La responsabilidad de los Cabildos insulares es aún más grave por sus competencias directas. En Gran Canaria, el equipo de Antonio Morales sigue instalado en la indefinición y la propaganda verde mientras se aproximan plazos críticos. Con el cierre inminente en un par de años de los grandes vertederos de El Salto del Negro y Juan Grande, la ciudadanía se pregunta:
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¿Dónde está el plan real para la gestión de los residuos continentales de la isla?
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¿Cuándo se va a acometer una inversión multimillonaria e integral en depuradoras de última generación a lo largo de todo el litoral?
Canarias no puede seguir vendiéndose al mundo como un edén ecológico mientras sus habitantes y visitantes se bañan entre bacterias fecales por la cobardía de alcaldes que camuflan informes y la incapacidad o perversión del Ejecutivo regional que prrefiere no invertir en lo esencial. Si no se prioriza la salud pública y el vertido cero sobre la foto de postal, el paraíso terminará convertido, definitivamente, en una gran cloaca con vistas al Atlántico.





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