Ni rastro del icono cosmopolita que fuimos.
Catalina Park, la nueva postal turística del abandono
Vallas, solares vertederos y top manta en Catalina Park. Fojo Jmoreno
La desolación y suciedad a primera hora de la mañana, la indigencia y excluidos sociales que han colonizado el entorno generan una imagen de inseguridad que cada vez menos se atreven a transitar por allí.
En el corazón de Las Palmas de Gran Canaria, el Parque Santa Catalina sigue recibiendo a diario a miles de visitantes. En el centro de la explanada destacan, impolutas y visibles, las Guaguas Turísticas listas para ofrecer la mejor cara de la ciudad.
Sin embargo, basta con alejarse unos pasos de ese cordón de seguridad propagandístico para comprobar que el emblemático pulmón multicultural y símbolo del esplendor turístico capitalino se desmorona a ojos vistas.
La estampa que rodea al parque no es la de una ciudad cosmopolita, sino la de un espacio urbano abandonado al pairo. La persistencia de solares vallados, la acumulación de suciedad y una sensación de inseguridad cada vez más acuciante definen hoy la experiencia de quienes transitan por la zona.
La desolación a primera hora de la mañana
El impacto es especialmente sangrante a primera hora del día. Quienes acuden al parque a las 6:30 o 7:00 de la mañana —sobre todo los fines de semana— se topan con una fauna humana desoladora. La indigencia, la drogadicción, los problemas de salud mental no atendidos o una trágica mezcla de todo lo anterior se han adueñado del espacio público.
El deterioro afecta de lleno a vecinos y visitantes que necesitan utilizar las infraestructuras clave del entorno:
-
El Intercambiador y paradas de guaguas: Usuarios diarios que se desplazan hacia el aeropuerto o el resto de la isla.
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Conexiones marítimas: Pasajeros que buscan los enlaces hacia el Puerto de Agaete o la Dársela Nelson Mandela.
Para todos ellos, la espera matutina se ha convertido en un ejercicio de incomodidad y desconfianza ante la mugre acumulada y la absoluta falta de mantenimiento. Las paradas de taxis desiertas, ni rastro de presencia policial de ningún tipo, ni siquiera la policia local que tiene un centro o comisaría allí.
Un mercadillo clandestino bajo la mirada institucional
Si algo demuestra la falta de gestión en el entorno es lo que ocurre en el pasaje que conecta el parque con el intercambiador. Con lo que costó en su día trasladar y regular el histórico mercadillo del parque para despejar el área, hoy presenciamos cómo resurge sin control un nuevo minimercadillo de 'top manta'.
Este espacio no autorizado bloquea el tránsito peatonal, degrada visualmente el pasaje y avanza día a día ante la pasividad de las autoridades.
Sorprende la ausencia de respuesta: Resulta incomprensible la falta de personal de limpieza a esas horas críticas y, sobre todo, la invisibilidad de los cuerpos de seguridad. Teniendo la Policía Local una comisaría en la propia zona, ni su presencia ni la de la Policía Nacional o la Autonómica parecen hacerse notar para devolver el orden y la salubridad al espacio de todos.
¿Quién está al mando?
La brecha entre la agenda institucional y la vida de barrio es cada vez mayor. La exclusión social ha encontrado en los espacios comunes de Santa Catalina su escenario más visible, ante la aparente indiferencia de un Ayuntamiento que parece no habitar la misma ciudad que sus vecinos.
Sería revelador que las autoridades municipales abandonaran por un día el coche oficial y se animaran a dar un paseo a pie por Santa Catalina a las siete de la mañana. Quizás así, pisando las mismas calles que transita la ciudadanía, entiendan que el corazón turístico de la ciudad no necesita más discursos, sino limpieza, atención social urgente y seguridad ciudadana.
Vallas, solares vertederos y top manta en Catalina Park. Fojo JmorenoEn el corazón de Las Palmas de Gran Canaria, el Parque Santa Catalina sigue recibiendo a diario a miles de visitantes. En el centro de la explanada destacan, impolutas y visibles, las Guaguas Turísticas listas para ofrecer la mejor cara de la ciudad.
Sin embargo, basta con alejarse unos pasos de ese cordón de seguridad propagandístico para comprobar que el emblemático pulmón multicultural y símbolo del esplendor turístico capitalino se desmorona a ojos vistas.
La estampa que rodea al parque no es la de una ciudad cosmopolita, sino la de un espacio urbano abandonado al pairo. La persistencia de solares vallados, la acumulación de suciedad y una sensación de inseguridad cada vez más acuciante definen hoy la experiencia de quienes transitan por la zona.
La desolación a primera hora de la mañana
El impacto es especialmente sangrante a primera hora del día. Quienes acuden al parque a las 6:30 o 7:00 de la mañana —sobre todo los fines de semana— se topan con una fauna humana desoladora. La indigencia, la drogadicción, los problemas de salud mental no atendidos o una trágica mezcla de todo lo anterior se han adueñado del espacio público.
El deterioro afecta de lleno a vecinos y visitantes que necesitan utilizar las infraestructuras clave del entorno:
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El Intercambiador y paradas de guaguas: Usuarios diarios que se desplazan hacia el aeropuerto o el resto de la isla.
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Conexiones marítimas: Pasajeros que buscan los enlaces hacia el Puerto de Agaete o la Dársela Nelson Mandela.
Para todos ellos, la espera matutina se ha convertido en un ejercicio de incomodidad y desconfianza ante la mugre acumulada y la absoluta falta de mantenimiento. Las paradas de taxis desiertas, ni rastro de presencia policial de ningún tipo, ni siquiera la policia local que tiene un centro o comisaría allí.
Un mercadillo clandestino bajo la mirada institucional
Si algo demuestra la falta de gestión en el entorno es lo que ocurre en el pasaje que conecta el parque con el intercambiador. Con lo que costó en su día trasladar y regular el histórico mercadillo del parque para despejar el área, hoy presenciamos cómo resurge sin control un nuevo minimercadillo de 'top manta'.
Este espacio no autorizado bloquea el tránsito peatonal, degrada visualmente el pasaje y avanza día a día ante la pasividad de las autoridades.
Sorprende la ausencia de respuesta: Resulta incomprensible la falta de personal de limpieza a esas horas críticas y, sobre todo, la invisibilidad de los cuerpos de seguridad. Teniendo la Policía Local una comisaría en la propia zona, ni su presencia ni la de la Policía Nacional o la Autonómica parecen hacerse notar para devolver el orden y la salubridad al espacio de todos.
¿Quién está al mando?
La brecha entre la agenda institucional y la vida de barrio es cada vez mayor. La exclusión social ha encontrado en los espacios comunes de Santa Catalina su escenario más visible, ante la aparente indiferencia de un Ayuntamiento que parece no habitar la misma ciudad que sus vecinos.
Sería revelador que las autoridades municipales abandonaran por un día el coche oficial y se animaran a dar un paseo a pie por Santa Catalina a las siete de la mañana. Quizás así, pisando las mismas calles que transita la ciudadanía, entiendan que el corazón turístico de la ciudad no necesita más discursos, sino limpieza, atención social urgente y seguridad ciudadana.






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