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Marcelo Valerón
Miércoles, 22 de Julio de 2026
Inidicios de muerte fisica y cerebral del partido.

El Club de los Setentones y la hora de los sepultureros NC

Fotos de NC Bloque CanaristaFotos de NC Bloque Canarista

Enrocados en el poder, la vieja guardia —Carmelo Ramírez (75), Román Rodríguez (70) o Paco Santiago (78)—, prefieren hundirla al relevo generacional.

 

 

          En política, los años no pasan en vano, pero hay inercias que se resisten a la biología y al sentido común. La frase bíblica «por sus actos los conoceréis» parece hoy el mejor diagnóstico para definir la deriva que atraviesa Nueva Canarias (NC).

 

         La formación canarista da síntomas evidentes de una grave «falta de riego político», sumida en una dinámica de obstinación, intransigencia y visceralidad de la que su cúpula directiva se niega en redondo a salir.

 

        El origen de esta parálisis tiene nombres, apellidos y una fecha de nacimiento común: el denominado «Club de los setentones». Encabezado por la vieja guardia de la organización —Carmelo Ramírez (75), Román Rodríguez (70) o Paco Santiago (78)—, este núcleo duro y sus afines han demostrado una determinación férrea para enrocarse en el poder e impedir cualquier atisbo de relevo generacional real.

 

       Esa conducta torrontuda provocó una fractura interna insalvable: la salida de los dirigentes llamados a liderar el futuro (Teo Sosa, Pedro Rodríguez, Francisco García u Óscar Hernández, entre otros y casi todos ellos alcaldes con tirón popular). La consecuencia no se limitó a perder cuadros directivos sino también la fuga brutal de las masas sociales de las asambleas locales a lo largo de toda la isla, incluida Las Palmas de Gran Canaria.

 

      El resultado tras la espantada no es una renovación, sino un desierto orgánico. Y ante el vacío, la cúpula directiva sigue anclada en su error y en la soberbia, por lo que parece que prefieren hundir la organización y han optado por nombrar a sus propios enterradores, ya sean de sus propias filas o de formaciones ajenas a las que colocan a la cabeza de sus listas electorales.

 

De Tunte a Telde: postales de una descomposición

 

Las muestras de esta travesía proa al marisco se acumulan en el mapa insular con imágenes que rozan el esperpento político:

 

  • En San Bartolomé de Tirajana (Tunte): La desesperada búsqueda de cuadros ha llevado a entregar la cabecera de la lista al médico Paco Pérez (presidente de Hablemos Ahora), un perfil histórico del centro insularista (excelente profesional y mejor persona). Sin embargo, la fotografía del acto resultó demoledora por sus acompañantes: allí reapareció Pepe Juan Santana, exalcalde de Tunte (condenado e inhabilitado en su momento por sentencia firme del 'Caso Paraíso'), acudiendo al rescate ante la ausencia total de militancia. En un extremo de la estampa, intentando pasar desapercibido sin lograrlo, la alargada sombra de Carmelo Ramírez atestiguaba el control directo que la vieja guardia sigue ejerciendo sobre los restos del partido en este icónico municipio del grupo nacionalista.

  • En Telde: El histórico granero de votos de la formación no ha corrido mejor suerte. Tras la debacle de 2023 y la desbandada de militantes ante la falta de autocrítica, la designación para la presidencia local ha recaído en José Luis Macías. Un nombramiento cuyo currículum ha encendido todas las alarmas en el municipio. Macías presidió la U.D. Telde y dejó al histórico club de fútbol en bancarrota y descendido a los infiernos deportivos; más tarde asumió la presidencia de la casi centenaria Sociedad La Fraternidad, llevándola al concurso de acreedores y a la posterior liquidación —con el agravante añadido de que el histórico inmueble de la plaza de San Gregorio acabó subastado sin que el Ayuntamiento, entonces dirigido por Carmen Hernández, moviera un dedo por salvarlo para el patrimonio municipal—. Con estos antecedentes, el augurío para la plaza teldense difícilmente puede ser más sombrío.

 

Entre la senectud y la fábulación de la realidad 

 

         Dentro de los maltrechos pasillos de NC circula una coletilla tan amarga como gráfica: el «Club de los setentones» ha dejado de buscar sucesores para empezar a designar sepultureros.

 

         Lo trágico del asunto es la desconexión con la realidad que exhiben sus líderes. Instalados en una suerte de fábula de futuro, parecen convencidos de que su salvación pasa por una alianza con la extrema izquierda isleña. Cuentan quienes los frecuentan que las reuniones con Pedro Quevedo e Inés Miranda respiran una euforia desmedida, entre viejos cánticos de La Internacional y retórica de otra época, al más puro estilo de aquellos dirigentes mundiales que, como Joe Biden o Donald Trump, se niegan a asumir que la edad impone límites y que la retirada a tiempo es la última forma del respeto institucional.

 

         El tiempo dictará sentencia definitiva. Por ahora, lo único que atestiguan los hechos es que, en su empeño por no dar paso a nadie, la vieja guardia de Nueva Canarias está convirtiendo una fuerza histórica de la política insular en un solar en ruinas lleno de julagas y rabos de gato.

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