El Sindrome del escaño vacío
Peligroso plantón del PSOE y NC al Pleno del Parlamento
Diputados del PSOE y NC abandonan el Pleno del Parlamento
Abandonaron sus escaños para no oir ni votar el Dictamen de la Comisión de Investigación del Caso Mascarillas
El peligroso espectáculo vivido esta semana en el Parlamento de Canarias trasciende la mera discrepancia política para adentrarse en el terreno de la degradación institucional.
La estampa de los bancos vacíos del PSOE y de Nueva Canarias (NC) abandonando el hemiciclo a la carrera no fue una protesta; fue una capitulación democrática.
Al negarse no solo a votar el dictamen que señala la responsabilidad política de Ángel Víctor Torres y Antonio Olivera en el 'caso Mascarillas', sino a escuchar siquiera los argumentos de los demás grupos, la izquierda isleña escenificó un síntoma preocupante: el desprecio a las reglas del juego cuando el resultado no les favorece.
Huir del Parlamento para no asumir las conclusiones de una comisión de investigación es un acto que daña la línea de flotación de nuestro sistema autonómico.
Las comisiones parlamentarias no son tribunales de justicia —como de forma tramposa intentan alegar para deslegitimarlas—, sino órganos de control político esenciales.
Cuando las cosas venían de cara, la soberanía de la cámara era sagrada. Ahora que el dictamen —aprobado por mayoría legítima— pone nombres y apellidos a la nefasta e «intensa» gestión de los fondos públicos durante la pandemia, el Parlamento ya no sirve, es un "circo" y lo mejor es dar un portazo.
Tras el plantón en Teobaldo Power, la pregunta es inevitable e incómoda: ¿Cómo puede el PSOE negar que desprecia al Parlamento y que aspira a gobernar sin él?
La respuesta no hay que buscarla únicamente en las islas. El "plante" del socialismo canario y sus socios no es un hecho aislado, sino el reflejo local de un manual de estilo perfectamente ensayado en Madrid.
Es la traslación exacta del modelo de Pedro Sánchez a nivel estatal: una preocupante deriva cesarista en la que el poder ejecutivo se asume como absoluto y el poder legislativo pasa a ser un mero trámite molesto si no aplaude por unanimidad.
En la Moncloa ya se verbaliza sin tapujos la intención de gobernar "con o sin el concurso del Poder Legislativo"; en Canarias, el bloque que antes presumía de progreso prefirió dejar sus sillas vacías antes que someterse a la incómoda liturgia de la aritmética parlamentaria.
Gobernar de espaldas al Parlamento es, en el fondo, gobernar de espaldas a los ciudadanos que lo eligieron. Si el PSOE y Nueva Canarias consideran que el dictamen es "sectario", su obligación constitucional era quedarse, rebatirlo con datos desde la tribuna, votar en contra y defender su gestión con la palabra. Eso es el parlamentarismo.
Escabullirse por el pasillo para no escuchar y no votar es el equivalente político a taparse los oídos y patalear.
El problema de vaciar el Parlamento para proteger las siglas o blindar a un ministro es que el vacío institucional es muy difícil de rellenar. Con este desplante, el socialismo canario no ha salvado la figura de Ángel Víctor Torres; lo que ha hecho es debilitar la autoridad del lugar donde reside la voluntad de todos los canarios, demostrando que su respeto a las instituciones caduca en el mismo instante en que pierden la mayoría.
Diputados del PSOE y NC abandonan el Pleno del Parlamento
El peligroso espectáculo vivido esta semana en el Parlamento de Canarias trasciende la mera discrepancia política para adentrarse en el terreno de la degradación institucional.
La estampa de los bancos vacíos del PSOE y de Nueva Canarias (NC) abandonando el hemiciclo a la carrera no fue una protesta; fue una capitulación democrática.
Al negarse no solo a votar el dictamen que señala la responsabilidad política de Ángel Víctor Torres y Antonio Olivera en el 'caso Mascarillas', sino a escuchar siquiera los argumentos de los demás grupos, la izquierda isleña escenificó un síntoma preocupante: el desprecio a las reglas del juego cuando el resultado no les favorece.
Huir del Parlamento para no asumir las conclusiones de una comisión de investigación es un acto que daña la línea de flotación de nuestro sistema autonómico.
Las comisiones parlamentarias no son tribunales de justicia —como de forma tramposa intentan alegar para deslegitimarlas—, sino órganos de control político esenciales.
Cuando las cosas venían de cara, la soberanía de la cámara era sagrada. Ahora que el dictamen —aprobado por mayoría legítima— pone nombres y apellidos a la nefasta e «intensa» gestión de los fondos públicos durante la pandemia, el Parlamento ya no sirve, es un "circo" y lo mejor es dar un portazo.
Tras el plantón en Teobaldo Power, la pregunta es inevitable e incómoda: ¿Cómo puede el PSOE negar que desprecia al Parlamento y que aspira a gobernar sin él?
La respuesta no hay que buscarla únicamente en las islas. El "plante" del socialismo canario y sus socios no es un hecho aislado, sino el reflejo local de un manual de estilo perfectamente ensayado en Madrid.
Es la traslación exacta del modelo de Pedro Sánchez a nivel estatal: una preocupante deriva cesarista en la que el poder ejecutivo se asume como absoluto y el poder legislativo pasa a ser un mero trámite molesto si no aplaude por unanimidad.
En la Moncloa ya se verbaliza sin tapujos la intención de gobernar "con o sin el concurso del Poder Legislativo"; en Canarias, el bloque que antes presumía de progreso prefirió dejar sus sillas vacías antes que someterse a la incómoda liturgia de la aritmética parlamentaria.
Gobernar de espaldas al Parlamento es, en el fondo, gobernar de espaldas a los ciudadanos que lo eligieron. Si el PSOE y Nueva Canarias consideran que el dictamen es "sectario", su obligación constitucional era quedarse, rebatirlo con datos desde la tribuna, votar en contra y defender su gestión con la palabra. Eso es el parlamentarismo.
Escabullirse por el pasillo para no escuchar y no votar es el equivalente político a taparse los oídos y patalear.
El problema de vaciar el Parlamento para proteger las siglas o blindar a un ministro es que el vacío institucional es muy difícil de rellenar. Con este desplante, el socialismo canario no ha salvado la figura de Ángel Víctor Torres; lo que ha hecho es debilitar la autoridad del lugar donde reside la voluntad de todos los canarios, demostrando que su respeto a las instituciones caduca en el mismo instante en que pierden la mayoría.








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