El regreso de los descarriados
Arriesgada ruleta rusa del PP con la vuelta de sus pródigos
Abrir Gran Canaria integrando a esta pléyade de díscolos descarriados percibidos como "vividores de lo público" puede generar desmovilización y fuga de votos
El Partido Popular de Gran Canaria ha decidido abrir de par en par las puertas de su sede, desempolvar la alfombra roja y activar una campaña de "recuperación de dirigentes" que, sobre el papel, busca ensanchar el espacio de la derecha, pero que en la práctica se parece demasiado a un juego de ruleta rusa con el cargador lleno.
La estrategia de Carlos Sánchez —quien parece haberse tirado en plancha a los brazos (o a los pies, según se mire) de antiguos militantes— es de un equilibrismo político tan audaz como alarmante.
El patio interno insular, mientras tanto, exhibe un mutismo sepulcral. Nadie se mueve, nadie levanta la voz en público. Hay un miedo reverencial a contrariar a la nueva dirección, anestesiado por una convicción ciega: la creencia generalizada de que el PP heredará el poder institucional en breve y que es mejor no salir en la foto de los díscolos. Sin embargo, bajo esa capa de silencio flotan aguas turbulentas.
Un cajón de sastre de siglas y supervivientes
Lo llamativo de esta operación de rescate no es solo el retorno en sí, sino la heterogeneidad y el historial de los nombres propios que se pretenden reincorporar. Estamos ante un ecosistema de dirigentes cuyas salidas en su día obedecieron a múltiples causas, pero que hoy comparten dos denominadores comunes innegables:
La virulencia de su despedida: Todos ellos, sin excepción, se marcharon echando pestes del partido popular. Se escucharon entonces las críticas más gruesas jamás oídas en el seno del centroderecha isleño.
Un brutal desparpajo ideológico: Han demostrado una capacidad asombrosa para cambiar de siglas y dar bandazos, transitando desde el insularismo recalcitrante hasta el nacionalismo de conveniencia, con el único objetivo de sobrevivir en las instituciones.
Si los Bravo de Laguna (padre e hijo) representan el campeonato itinerante de la creación y abandono de siglas bajo el paraguas de Unidos por Gran Canaria tras sus sonadas rupturas con el PP, lo de los exalcaldes de Telde, Paco Santana Melián y Francisco Valido, o el periplo de la alcaldesa de Mogán, Onalia Bueno, es sencillamente perturbador y muy poco edificante.
El caso de Bueno merece un capítulo aparte. Pupila destacada del exalcalde popular Francisco González, salió a escape del PP acosada por investigaciones judiciales en su municipio.
Para mantenerse a flote, se apuntó a Ciuca, pactó luego con el mismísimo Ángel Víctor Torres (PSOE), saltó después a Coalición Canaria y "Juntos por Mogán", intentó asaltar los cielos de la dirección de CC y, al no conseguirlo, se autopropuso para unirse a los alcaldes de Nueva Canarias que fundaron 1ºCanarias.
Ante las calabazas de estos últimos, se inventó otro partido. Y aun con este currículum de geometría variable, el PP manifiesta en público que le abre los brazos de par en par. ¿Garantía de estabilidad o simple mercadeo de conveniencia?
El peligro del fuego amigo: Desmovilización y fuga de votos
La gran incógnita que la dirección regional popular y de Gran Canaria parece no querer despejar es el precio real de este "todo por la patria" electoral. Comprar poder a corto plazo integrando a esta pléyade de descarriados y perfiles percibidos como "vividores de lo público" puede generar el efecto bumerán más devastador de la historia reciente del partido en la isla.
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La desmoralización interna: ¿Qué cara se les queda a los cuadros directivos locales y a las bases que se mantuvieron fieles en las duras y en las maduras, defendiendo las siglas a la intemperie, mientras ven cómo se premia y se suplica el regreso de quienes los insultaron y abandonaron?
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El castigo del electorado fiel: El votante tradicional del PP en Gran Canaria y en Las Palmas de Gran Canaria destaca por su fidelidad, pero no es cautivo ni tampoco es estúpido.
Ver cómo regresan las ovejas descarriadas —aquellas que dinamitaron puentes y plantaron querellas (como los sonados conflictos de Bueno en Mogán)— puede reactivar el peor de los escenarios para Carlos Sánchez: que el votante histórico decida que ya basta de tragar sapos.
Si el PP insular insiste en convertirse en una agencia de colocación para náufragos de la política, lo impensable podría suceder en las urnas.
Es muy probable que una masa crítica de antiguos votantes opte por la abstención o, peor aún, decida cruzar la acera y apoyar en masa a Vox o a cualquier otra opción que perciban como identitariamente limpia.
En política, no todo vale para sumar, porque hay sumas que, irremediablemente, terminan por restar.

El Partido Popular de Gran Canaria ha decidido abrir de par en par las puertas de su sede, desempolvar la alfombra roja y activar una campaña de "recuperación de dirigentes" que, sobre el papel, busca ensanchar el espacio de la derecha, pero que en la práctica se parece demasiado a un juego de ruleta rusa con el cargador lleno.
La estrategia de Carlos Sánchez —quien parece haberse tirado en plancha a los brazos (o a los pies, según se mire) de antiguos militantes— es de un equilibrismo político tan audaz como alarmante.
El patio interno insular, mientras tanto, exhibe un mutismo sepulcral. Nadie se mueve, nadie levanta la voz en público. Hay un miedo reverencial a contrariar a la nueva dirección, anestesiado por una convicción ciega: la creencia generalizada de que el PP heredará el poder institucional en breve y que es mejor no salir en la foto de los díscolos. Sin embargo, bajo esa capa de silencio flotan aguas turbulentas.
Un cajón de sastre de siglas y supervivientes
Lo llamativo de esta operación de rescate no es solo el retorno en sí, sino la heterogeneidad y el historial de los nombres propios que se pretenden reincorporar. Estamos ante un ecosistema de dirigentes cuyas salidas en su día obedecieron a múltiples causas, pero que hoy comparten dos denominadores comunes innegables:
La virulencia de su despedida: Todos ellos, sin excepción, se marcharon echando pestes del partido popular. Se escucharon entonces las críticas más gruesas jamás oídas en el seno del centroderecha isleño.
Un brutal desparpajo ideológico: Han demostrado una capacidad asombrosa para cambiar de siglas y dar bandazos, transitando desde el insularismo recalcitrante hasta el nacionalismo de conveniencia, con el único objetivo de sobrevivir en las instituciones.
Si los Bravo de Laguna (padre e hijo) representan el campeonato itinerante de la creación y abandono de siglas bajo el paraguas de Unidos por Gran Canaria tras sus sonadas rupturas con el PP, lo de los exalcaldes de Telde, Paco Santana Melián y Francisco Valido, o el periplo de la alcaldesa de Mogán, Onalia Bueno, es sencillamente perturbador y muy poco edificante.
El caso de Bueno merece un capítulo aparte. Pupila destacada del exalcalde popular Francisco González, salió a escape del PP acosada por investigaciones judiciales en su municipio.
Para mantenerse a flote, se apuntó a Ciuca, pactó luego con el mismísimo Ángel Víctor Torres (PSOE), saltó después a Coalición Canaria y "Juntos por Mogán", intentó asaltar los cielos de la dirección de CC y, al no conseguirlo, se autopropuso para unirse a los alcaldes de Nueva Canarias que fundaron 1ºCanarias.
Ante las calabazas de estos últimos, se inventó otro partido. Y aun con este currículum de geometría variable, el PP manifiesta en público que le abre los brazos de par en par. ¿Garantía de estabilidad o simple mercadeo de conveniencia?
El peligro del fuego amigo: Desmovilización y fuga de votos
La gran incógnita que la dirección regional popular y de Gran Canaria parece no querer despejar es el precio real de este "todo por la patria" electoral. Comprar poder a corto plazo integrando a esta pléyade de descarriados y perfiles percibidos como "vividores de lo público" puede generar el efecto bumerán más devastador de la historia reciente del partido en la isla.
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La desmoralización interna: ¿Qué cara se les queda a los cuadros directivos locales y a las bases que se mantuvieron fieles en las duras y en las maduras, defendiendo las siglas a la intemperie, mientras ven cómo se premia y se suplica el regreso de quienes los insultaron y abandonaron?
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El castigo del electorado fiel: El votante tradicional del PP en Gran Canaria y en Las Palmas de Gran Canaria destaca por su fidelidad, pero no es cautivo ni tampoco es estúpido.
Ver cómo regresan las ovejas descarriadas —aquellas que dinamitaron puentes y plantaron querellas (como los sonados conflictos de Bueno en Mogán)— puede reactivar el peor de los escenarios para Carlos Sánchez: que el votante histórico decida que ya basta de tragar sapos.
Si el PP insular insiste en convertirse en una agencia de colocación para náufragos de la política, lo impensable podría suceder en las urnas.
Es muy probable que una masa crítica de antiguos votantes opte por la abstención o, peor aún, decida cruzar la acera y apoyar en masa a Vox o a cualquier otra opción que perciban como identitariamente limpia.
En política, no todo vale para sumar, porque hay sumas que, irremediablemente, terminan por restar.





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