Casualidades del dia internacional LGTB
Memoria en La Garita a Bello con la bandera del Arco Iris
La estampa de la bandera del arco iris ondeando con orgullo en la fachada de la Iglesia fue noticia hace 20 años, pero su eco no se ha apagado.
Memoria y contradicción bajo el arco iris de La Garita
El reciente pleno municipal del Ayuntamiento de Telde ha dejado una estampa para la historia local que es imposible mirar sin una dosis de asombro y profunda reflexión.
En las mismas fechas en las que el mundo conmemora la lucha internacional por los derechos LGTBI, la corporación municipal ha desbloqueado, tras años de parálisis, el reconocimiento oficial a la plaza de la playa de La Garita. El espacio llevará el nombre de Francisco Pérez Bello, el inolvidable Padre Paco Bello.
Quienes observen este hecho desde la distancia verán simplemente un acto de justicia institucional ante un expediente vecinal largamente reivindicado por los colectivos de La Garita y Marpequeña.
Pero quienes guardan la memoria viva de la costa teldense saben perfectamente que las casualidades, en la política y en la vida, a veces arrastran una carga poética descomunal.
Hablar de Paco Bello es evocar, irremediablemente, la estampa de la bandera del arco iris ondeando con orgullo en la fachada de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús.
Aquello ocurrió hace años, pero su eco no se ha apagado. No fue un simple adorno dominical; fue un terremoto social. Ver los colores de la diversidad presidiendo un templo católico chocaba —y sigue chocando— de frente con la doctrina oficial de la Iglesia.
Aquel gesto pionero e integrador no dejó indiferente a nadie: llenó páginas de prensa durante años, levantó murmullos enfurecidos entre los sectores más conservadores y provocó la inevitable y tensa llamada de atención del Obispado.
Pero el Padre Paco Bello no se achantó. Para él, las paredes de su parroquia no debían delimitar un espacio de exclusión, sino un refugio de aceptación absoluta. Su fe se construía desde los márgenes, al lado de los jóvenes más vulnerables, de los trabajadores y de las realidades que la jerarquía eclesiástica prefería ignorar.
Esa libertad indomable tenía también otra bandera: la de las siete estrellas verdes. Nacionalista e independentista militante, Bello entendía que la soberanía y la fe popular no estaban reñidas, entrelazando la identidad canaria con su estola con pintaderas y su lucha por la justicia social.
Era un hombre de contradicciones vivas, capaz de congregar en su despedida a políticos de todos los signos, a ateos, a feligreses devotos y al propio obispo que alguna vez tuvo que pedirle explicaciones.
Que precisamente ahora se consume este reconocimiento de la plaza es el triunfo de la constancia vecinal frente a la lentitud burocrática. Al final, las banderas se pliegan y los debates de trinchera se sosiegan con los años, pero el verdadero pulso de la memoria colectiva permanece inalterable en la isla.
El Padre Paco Bello revolucionó el entorno de La Garita no solo por lo que predicaba desde el altar, sino por cómo transformó la plaza pública en un espacio de todos y para todos. Hoy, esa misma plaza lleva oficialmente su nombre, recordándonos que, aunque todo parezca haber pasado, su audaz legado de diversidad e identidad sigue firmemente arraigado en la costa de Telde.
Este artículo de opinión quisiera reflejar al detalle cómo los actos y homenajes organizados por la Asociación Paco Bello Somos Todos han mantenido vivo su espíritu y su labor comunitaria a lo largo de los años en Gran Canaria.

Memoria y contradicción bajo el arco iris de La Garita
El reciente pleno municipal del Ayuntamiento de Telde ha dejado una estampa para la historia local que es imposible mirar sin una dosis de asombro y profunda reflexión.
En las mismas fechas en las que el mundo conmemora la lucha internacional por los derechos LGTBI, la corporación municipal ha desbloqueado, tras años de parálisis, el reconocimiento oficial a la plaza de la playa de La Garita. El espacio llevará el nombre de Francisco Pérez Bello, el inolvidable Padre Paco Bello.
Quienes observen este hecho desde la distancia verán simplemente un acto de justicia institucional ante un expediente vecinal largamente reivindicado por los colectivos de La Garita y Marpequeña.
Pero quienes guardan la memoria viva de la costa teldense saben perfectamente que las casualidades, en la política y en la vida, a veces arrastran una carga poética descomunal.
Hablar de Paco Bello es evocar, irremediablemente, la estampa de la bandera del arco iris ondeando con orgullo en la fachada de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús.
Aquello ocurrió hace años, pero su eco no se ha apagado. No fue un simple adorno dominical; fue un terremoto social. Ver los colores de la diversidad presidiendo un templo católico chocaba —y sigue chocando— de frente con la doctrina oficial de la Iglesia.
Aquel gesto pionero e integrador no dejó indiferente a nadie: llenó páginas de prensa durante años, levantó murmullos enfurecidos entre los sectores más conservadores y provocó la inevitable y tensa llamada de atención del Obispado.
Pero el Padre Paco Bello no se achantó. Para él, las paredes de su parroquia no debían delimitar un espacio de exclusión, sino un refugio de aceptación absoluta. Su fe se construía desde los márgenes, al lado de los jóvenes más vulnerables, de los trabajadores y de las realidades que la jerarquía eclesiástica prefería ignorar.
Esa libertad indomable tenía también otra bandera: la de las siete estrellas verdes. Nacionalista e independentista militante, Bello entendía que la soberanía y la fe popular no estaban reñidas, entrelazando la identidad canaria con su estola con pintaderas y su lucha por la justicia social.
Era un hombre de contradicciones vivas, capaz de congregar en su despedida a políticos de todos los signos, a ateos, a feligreses devotos y al propio obispo que alguna vez tuvo que pedirle explicaciones.
Que precisamente ahora se consume este reconocimiento de la plaza es el triunfo de la constancia vecinal frente a la lentitud burocrática. Al final, las banderas se pliegan y los debates de trinchera se sosiegan con los años, pero el verdadero pulso de la memoria colectiva permanece inalterable en la isla.
El Padre Paco Bello revolucionó el entorno de La Garita no solo por lo que predicaba desde el altar, sino por cómo transformó la plaza pública en un espacio de todos y para todos. Hoy, esa misma plaza lleva oficialmente su nombre, recordándonos que, aunque todo parezca haber pasado, su audaz legado de diversidad e identidad sigue firmemente arraigado en la costa de Telde.
Este artículo de opinión quisiera reflejar al detalle cómo los actos y homenajes organizados por la Asociación Paco Bello Somos Todos han mantenido vivo su espíritu y su labor comunitaria a lo largo de los años en Gran Canaria.








Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.154