Balance de tres años de Festejos
Nuevo orgullo por las fiestas de Telde: Cercanía y tradición
Peña y su gobierno han conseguido que nazca un vinculo imborrable en miles de niños y jóvenes con las fiestas y actividades culturales.
El orgullo de ser Telde: el triunfo de la cercanía y la tradición en San Juan
La procesión de la imagen del Bautista por el corazón del casco histórico puso broche de oro a las fiestas patronales de Telde. Tras semanas de bullicio, encuentros y fervor, llega el momento del balance.
Y si hubiera que buscar una única fotografía que resumiera el espíritu de estas celebraciones, sin duda sería la estampa capturada sobre los Siete Puentes: la flecha encendida por el creador local Manuel Franco cruzando el aire, el barranco iluminado y el alcalde, Juan Antonio Peña, realizando la cuenta atrás rodeado de una multitud entregada antes de prender fuego a la tradicional hoguera.
Esa instantánea exhibe con total nitidez el mayor logro del actual grupo de gobierno tras tres años de mandato: Peña ha conseguido recuperar las fiestas para la calle y para sus vecinos.
Telde ha vuelto a disfrutar en libertad, despojando a sus festejos de sectarismos y viejos conflictos políticos que en el pasado tensionaban el ambiente. Lo que se ha respirado este año ha sido un clima de alegría compartida y, sobre todo, un profundo orgullo por el sentido de pertenencia a una comunidad que vuelve a reclamar con fuerza su papel de gran ciudad.
Este éxito radica en una receta tan sencilla como olvidada: el respeto a las tradiciones en toda su amplitud histórica y religiosa. El alcalde ha sabido conjugar de forma espléndida el papel institucional con el fervor popular.
Un equilibrio exquisito que se ha hecho especialmente evidente al consolidar la dimensión social de festividades de enorme trascendencia, como las del Santo Cristo de Telde —una celebración que históricamente quedaba recluida al ámbito estrictamente eclesiástico— y que ahora se proyecta como un fenómeno social, integrador y profundamente representativo del municipio.
Esa proyección hacia el exterior alcanzó hitos históricos como el emotivo encuentro con la visita a la ciudad de la Virgen del Pino o la multitudinaria misa del Papa León XIV en el Estadio de Gran Canaria presidida por la imagen del Cristo teldense.
Un vínculo imborrable para las nuevas generaciones
Uno de los aspectos de mayor trascendencia de esta etapa es cómo el grupo de gobierno ha logrado dinamizar el espacio público, llenando de actos y actividades todo el recorrido urbano desde el Parque León y Joven (hoy Franchy y Roca) hasta las calles de San Juan y El Cubillo.
Ha sido especialmente gratificante ver las arterias de la ciudad desbordadas por centenares de niños y escolares corriendo, saltando, desfilando y cantando, plenamente implicados en citas como el encendido de las luces navideñas, los pasacalles anunciadores o el baile de los papagüevos.
Esta apuesta representa una inversión de futuro gloriosa. Este clima de ilusión y tradiciones compartidas en libertad está tejiendo un vínculo indestructible en las nuevas generaciones de teldenses.
Son recuerdos ligados a la propia experiencia vital de esos niños y niñas: desde los que acudieron en masa a cantar villancicos en el mercado municipal en Navidades pasadas, hasta los que han vivido el renacer de la procesión de la burrita entre San Gregorio y San Juan en Semana Santa, pasando por los incontables talleres, tenderetes y espacios de ocio desplegados en los puntos neurálgicos del municipio.
Inclusión real: El balance es todavía más positivo al comprobar que el concepto de "fiestas inclusivas" no se quedó en mera propaganda. Se ha consolidado de forma efectiva con el uso de pirotecnia silenciosa y el diseño de tramos específicos sin ruido para el disfrute de las personas con discapacidad.
Una celebración de todo el municipio, de las cumbres a la costa
Por último, no se puede pasar por alto otro logro estructural de estos tres años: las fiestas patronales comienzan a ser, por fin, de todo el municipio. Se está abandonando —no sin dificultades— ese concepto decimonónico y encorsetado que reducía los festejos a las fronteras estrictas de los barrios de San Juan o San Gregorio.
Este año, la programación ha sabido extender sus brazos hacia Melenara y Salinetas. De este modo, la costa teldense también celebra las fiestas patronales de la ciudad, convirtiéndose en un nuevo y multitudinario punto de reunión. Los actos junto al mar ya no representan únicamente a un barrio costero, sino a la identidad global de todo Telde.
La fiesta es del pueblo
Siempre habrá voces dispuestas a señalar que quedan muchos errores por pulir y fallos que corregir; seguramente tengan parte de razón, pues la gestión perfecta no existe.
Sin embargo, resulta de justicia reconocer que los aciertos de Juan Antonio Peña y su gobierno en materia festiva han sido numerosos, extraordinarios y, sobre todo, respaldados por el apoyo masivo de la gran mayoría de la ciudadanía.
Frente a las críticas interesadas, conviene lanzar un aviso claro: la fiesta es un derecho del pueblo y pertenece exclusivamente a la gente. Cuestión distinta es el evidente malestar de ciertos sectores políticos que se creían los únicos dueños y administradores del sentimiento colectivo.
Ese modelo ya es pasado; la calle ha dado la bienvenida a un tiempo nuevo que se consolida en Telde con la fuerza de los hechos.

El orgullo de ser Telde: el triunfo de la cercanía y la tradición en San Juan
La procesión de la imagen del Bautista por el corazón del casco histórico puso broche de oro a las fiestas patronales de Telde. Tras semanas de bullicio, encuentros y fervor, llega el momento del balance.
Y si hubiera que buscar una única fotografía que resumiera el espíritu de estas celebraciones, sin duda sería la estampa capturada sobre los Siete Puentes: la flecha encendida por el creador local Manuel Franco cruzando el aire, el barranco iluminado y el alcalde, Juan Antonio Peña, realizando la cuenta atrás rodeado de una multitud entregada antes de prender fuego a la tradicional hoguera.
Esa instantánea exhibe con total nitidez el mayor logro del actual grupo de gobierno tras tres años de mandato: Peña ha conseguido recuperar las fiestas para la calle y para sus vecinos.
Telde ha vuelto a disfrutar en libertad, despojando a sus festejos de sectarismos y viejos conflictos políticos que en el pasado tensionaban el ambiente. Lo que se ha respirado este año ha sido un clima de alegría compartida y, sobre todo, un profundo orgullo por el sentido de pertenencia a una comunidad que vuelve a reclamar con fuerza su papel de gran ciudad.
Este éxito radica en una receta tan sencilla como olvidada: el respeto a las tradiciones en toda su amplitud histórica y religiosa. El alcalde ha sabido conjugar de forma espléndida el papel institucional con el fervor popular.
Un equilibrio exquisito que se ha hecho especialmente evidente al consolidar la dimensión social de festividades de enorme trascendencia, como las del Santo Cristo de Telde —una celebración que históricamente quedaba recluida al ámbito estrictamente eclesiástico— y que ahora se proyecta como un fenómeno social, integrador y profundamente representativo del municipio.
Esa proyección hacia el exterior alcanzó hitos históricos como el emotivo encuentro con la visita a la ciudad de la Virgen del Pino o la multitudinaria misa del Papa León XIV en el Estadio de Gran Canaria presidida por la imagen del Cristo teldense.
Un vínculo imborrable para las nuevas generaciones
Uno de los aspectos de mayor trascendencia de esta etapa es cómo el grupo de gobierno ha logrado dinamizar el espacio público, llenando de actos y actividades todo el recorrido urbano desde el Parque León y Joven (hoy Franchy y Roca) hasta las calles de San Juan y El Cubillo.
Ha sido especialmente gratificante ver las arterias de la ciudad desbordadas por centenares de niños y escolares corriendo, saltando, desfilando y cantando, plenamente implicados en citas como el encendido de las luces navideñas, los pasacalles anunciadores o el baile de los papagüevos.
Esta apuesta representa una inversión de futuro gloriosa. Este clima de ilusión y tradiciones compartidas en libertad está tejiendo un vínculo indestructible en las nuevas generaciones de teldenses.
Son recuerdos ligados a la propia experiencia vital de esos niños y niñas: desde los que acudieron en masa a cantar villancicos en el mercado municipal en Navidades pasadas, hasta los que han vivido el renacer de la procesión de la burrita entre San Gregorio y San Juan en Semana Santa, pasando por los incontables talleres, tenderetes y espacios de ocio desplegados en los puntos neurálgicos del municipio.
Inclusión real: El balance es todavía más positivo al comprobar que el concepto de "fiestas inclusivas" no se quedó en mera propaganda. Se ha consolidado de forma efectiva con el uso de pirotecnia silenciosa y el diseño de tramos específicos sin ruido para el disfrute de las personas con discapacidad.
Una celebración de todo el municipio, de las cumbres a la costa
Por último, no se puede pasar por alto otro logro estructural de estos tres años: las fiestas patronales comienzan a ser, por fin, de todo el municipio. Se está abandonando —no sin dificultades— ese concepto decimonónico y encorsetado que reducía los festejos a las fronteras estrictas de los barrios de San Juan o San Gregorio.
Este año, la programación ha sabido extender sus brazos hacia Melenara y Salinetas. De este modo, la costa teldense también celebra las fiestas patronales de la ciudad, convirtiéndose en un nuevo y multitudinario punto de reunión. Los actos junto al mar ya no representan únicamente a un barrio costero, sino a la identidad global de todo Telde.
La fiesta es del pueblo
Siempre habrá voces dispuestas a señalar que quedan muchos errores por pulir y fallos que corregir; seguramente tengan parte de razón, pues la gestión perfecta no existe.
Sin embargo, resulta de justicia reconocer que los aciertos de Juan Antonio Peña y su gobierno en materia festiva han sido numerosos, extraordinarios y, sobre todo, respaldados por el apoyo masivo de la gran mayoría de la ciudadanía.
Frente a las críticas interesadas, conviene lanzar un aviso claro: la fiesta es un derecho del pueblo y pertenece exclusivamente a la gente. Cuestión distinta es el evidente malestar de ciertos sectores políticos que se creían los únicos dueños y administradores del sentimiento colectivo.
Ese modelo ya es pasado; la calle ha dado la bienvenida a un tiempo nuevo que se consolida en Telde con la fuerza de los hechos.






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