Artículo de Opinión
La convivencia de las tres culturas
Desmontaje de los tópicos, falsedades y supercherías con el que desde hace unos años se intenta atacar las esencias de la cultura española desde ciertos medios de comunicación
En su artículo dominical publicado en Libertad Digital, Federico Jiménez Losantos hace una reflexión muy pertinente e históricamente precisa, sobre el mantra (algunos lo llamaríamos bulo) de la convivencia en paz, amor y felicidad de las tres culturas y religiones que por aquellos tiempos medievales del Siglo XIII, existían en España, pero que en la realidad se mezclaban sólo lo justo y más bien poco: el cristianismo, el islam y el judaísmo.
Comentando el discurso del Papa León XIV, escribe:
“Lo peor, sin embargo, no fue la verdad de la iglesia perseguida que ocultó, ni el lío que se armó comentando a San Juan de la Cruz, sin el san, sino la genuflexión ante el Islam, encubierta con la trola de la convivencia de las tres culturas en los siglos de dominio musulmán, que nunca existió.
Lo que hubo fue un contrato de traductores por Alfonso X el Sabio, que, al tiempo, hizo implacablemente la guerra al Islam, conquistó el Valle del Guadalquivir con su padre Fernando III el Santo, más el reino de Murcia. La escuela de Traductores de Toledo no es símbolo de convivencia, sino de tolerancia cristiana, de la recuperación, vía Bagdad, de la raíz griega del pensamiento occidental y de los textos sagrados hebreos y latinos.
Católico significa universal y ese era el designio de Alfonso X, como el de los Reyes Católicos cuando, tras conquistar Granada tras diez años de guerra, dejan la Alhambra, hoy con el Palacio de Carlos V, tan de Bernini como el Vaticano”.
Ya sobre este asunto, el que fuera Catedrático de Literatura Árabe en la UAM Serafín Fanjul, escribió un esclarecedor libro titulado “Al-Andalus contra España. La forja del mito”, el que desmonta los tópicos, falsedades y supercherías con el que desde hace unos años se intenta atacar las esencias de la cultura española desde ciertos medios de comunicación muy proclives a lo que llaman multiculturalismo, afirmando que todas las ideas y opiniones son igual de respetables para esconder su odio sarraceno, nunca mejor dicho, a lo que es el cristianismo, la cultura occidental y España. Ya comenzaron con un error de base, propalado entusiasticamente por el poco equilibrado mentalmente Blas Infante, afirmando que Al-Andalus es Andalucía e ignorando que ese concepto islamista se refería a todo el territorio conquistado a sangre y fuego en la Península Ibérica y el sur de Francia. Por cierto, el mismo territorio que hoy siguen reivindicando como propio los terroristas islámicos y sus blanqueadores, ¡incluso en España, haberlos hailos!
El que en la cristiana Escuela de Traductores de Toledo, se estudiaran y tradujeran al español textos escritos en árabe o en hebreo, no significa otra cosa que Alfonso X el Sabio quiso recopilar y poner a disposición de la cristiandad el saber antiguo. Por esa labor, no por casualidad, se le apodó como “el Sabio”, sin que eso significara que propiciara la convivencia entre los españoles cristianos, islámicos y judíos en sus reinos. Dicho de otra forma, el que en las universidades haya departamentos de lenguas eslavas y se traduzcan del ruso al español obras grandiosas como las de Dostoyevski o las menos edificantes de Lenin, signifique buscar una convivencia pacífica con el zarismo y el comunismo.
Incluso hay periodistas, como Juan Luis Cebrián, el que fuera factotum de El País al servicio de Felipe González, que consideran que la España cristiana de aquellos siglos, realmente perpetró un genocidio y una injustificada guerra contra los musulmanes que la habían conquistado e islamizado previamente. Al servicio de ideas propias de un nacionalismo disgregador y de su indisimulado odio al cristianismo, acuñaron el concepto de “Insidiosa Reconquista” para deslegitimar la identidad y la historia de España. Este término pretende justificar la idea de que aquella lucha no fue un proceso de recuperación de territorios perdidos, sino más bien una estrategia de expansión y control que buscaba establecer una nueva identidad política en el contexto de la lucha contra el islam. Ni Bin Laden ni Jomeini hubieran encontrado mejores quintacolumnistas, compañeros de viaje o simplemente, tontos útiles como los llama el activismo comunista que usa el islamismo como ariete radical contra Occidente.
Jose Fco Fernández Belda.

En su artículo dominical publicado en Libertad Digital, Federico Jiménez Losantos hace una reflexión muy pertinente e históricamente precisa, sobre el mantra (algunos lo llamaríamos bulo) de la convivencia en paz, amor y felicidad de las tres culturas y religiones que por aquellos tiempos medievales del Siglo XIII, existían en España, pero que en la realidad se mezclaban sólo lo justo y más bien poco: el cristianismo, el islam y el judaísmo.
Comentando el discurso del Papa León XIV, escribe:
“Lo peor, sin embargo, no fue la verdad de la iglesia perseguida que ocultó, ni el lío que se armó comentando a San Juan de la Cruz, sin el san, sino la genuflexión ante el Islam, encubierta con la trola de la convivencia de las tres culturas en los siglos de dominio musulmán, que nunca existió.
Lo que hubo fue un contrato de traductores por Alfonso X el Sabio, que, al tiempo, hizo implacablemente la guerra al Islam, conquistó el Valle del Guadalquivir con su padre Fernando III el Santo, más el reino de Murcia. La escuela de Traductores de Toledo no es símbolo de convivencia, sino de tolerancia cristiana, de la recuperación, vía Bagdad, de la raíz griega del pensamiento occidental y de los textos sagrados hebreos y latinos.
Católico significa universal y ese era el designio de Alfonso X, como el de los Reyes Católicos cuando, tras conquistar Granada tras diez años de guerra, dejan la Alhambra, hoy con el Palacio de Carlos V, tan de Bernini como el Vaticano”.
Ya sobre este asunto, el que fuera Catedrático de Literatura Árabe en la UAM Serafín Fanjul, escribió un esclarecedor libro titulado “Al-Andalus contra España. La forja del mito”, el que desmonta los tópicos, falsedades y supercherías con el que desde hace unos años se intenta atacar las esencias de la cultura española desde ciertos medios de comunicación muy proclives a lo que llaman multiculturalismo, afirmando que todas las ideas y opiniones son igual de respetables para esconder su odio sarraceno, nunca mejor dicho, a lo que es el cristianismo, la cultura occidental y España. Ya comenzaron con un error de base, propalado entusiasticamente por el poco equilibrado mentalmente Blas Infante, afirmando que Al-Andalus es Andalucía e ignorando que ese concepto islamista se refería a todo el territorio conquistado a sangre y fuego en la Península Ibérica y el sur de Francia. Por cierto, el mismo territorio que hoy siguen reivindicando como propio los terroristas islámicos y sus blanqueadores, ¡incluso en España, haberlos hailos!
El que en la cristiana Escuela de Traductores de Toledo, se estudiaran y tradujeran al español textos escritos en árabe o en hebreo, no significa otra cosa que Alfonso X el Sabio quiso recopilar y poner a disposición de la cristiandad el saber antiguo. Por esa labor, no por casualidad, se le apodó como “el Sabio”, sin que eso significara que propiciara la convivencia entre los españoles cristianos, islámicos y judíos en sus reinos. Dicho de otra forma, el que en las universidades haya departamentos de lenguas eslavas y se traduzcan del ruso al español obras grandiosas como las de Dostoyevski o las menos edificantes de Lenin, signifique buscar una convivencia pacífica con el zarismo y el comunismo.
Incluso hay periodistas, como Juan Luis Cebrián, el que fuera factotum de El País al servicio de Felipe González, que consideran que la España cristiana de aquellos siglos, realmente perpetró un genocidio y una injustificada guerra contra los musulmanes que la habían conquistado e islamizado previamente. Al servicio de ideas propias de un nacionalismo disgregador y de su indisimulado odio al cristianismo, acuñaron el concepto de “Insidiosa Reconquista” para deslegitimar la identidad y la historia de España. Este término pretende justificar la idea de que aquella lucha no fue un proceso de recuperación de territorios perdidos, sino más bien una estrategia de expansión y control que buscaba establecer una nueva identidad política en el contexto de la lucha contra el islam. Ni Bin Laden ni Jomeini hubieran encontrado mejores quintacolumnistas, compañeros de viaje o simplemente, tontos útiles como los llama el activismo comunista que usa el islamismo como ariete radical contra Occidente.
Jose Fco Fernández Belda.





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