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Domingo, 31 de Mayo de 2026

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Domingo, 31 de Mayo de 2026 a las 07:00:35 horas

Redacción
Domingo, 31 de Mayo de 2026
Campaña politica celebrando la pobreza

El sablazo diario con el precio del potaje sigue subiendo

La estadistica oculta la brutal subida de precios en papas, habichuelas, platanos, tomates, pollo, etc empobreciendo a las familias

 

      Apenas hemos terminado las celebraciones del dia de Canarias con los discursos institucionales y las exaltaciones de la identidad canaria como cada año; y sin embargo, las familias grancanarias han tenido que volver a pisar el suelo de la realidad.

 

    Y el suelo, hoy por hoy, se pisa en el pasillo de los supermercados de Las Palmas. Allí, lejos de los escenarios de cartón piedra, el plato estrella de nuestra gastronomía, el humilde y tradicional potaje de verduras, se ha convertido en un artículo de lujo.

 

      Y demos gracias a que establecimientos como Mercadona todavía hay ofertas de bandeja económica para un potaje por algo menos de 5 € con 1'200 Kgr de verdura (sin papa). todo ello a pesar de la brutal subida de precios en alimentación.

 

     Mientras el Gobierno de turno saca pecho y la prensa oficialista repite como un loro las bondades de unas estadísticas que hablan de "moderación" y "estabilización" de la inflación en torno al 3%, la realidad del ticket de la compra cuenta una historia radicalmente distinta.

 

   Los precios de verduras es lo contrario de la moderación, las habichuelas no bajan del 3'90 €/Kg, los tomates oscilan entre 2'20- 2'60 €/Kg, y las papas sufren subidas de hasta el 16% siguen oscilando entre 1'5 €/Kg y para arriba.

 

   Esto, la gran mentira estadística: un maquillaje técnico diseñado por los publicistas gubernamentales para vender la verdad oficial de su gestión política, que además se ve secundada por una gran cantidad de medios de comunicación de masas (Tv, radios, etc) que difunden dicha información sin plantearse ninguna duda ni reparo, probablemente para no importunar a nadie, ni al gobierno y sus partidos políticos ni tampoco a las grandes cadenas comerciales.

 

     La consecuencia lamentable es que la realidad queda oculta, y no se habla que los alimentos en Gran Canaria siguen castigando los bolsillos con subidas medias reales que rozan el 12%.

 

El bolsillo de las familias no entiende de medias

 

    Vayamos a los datos que verdaderamente importan, los que se ven en las etiquetas de Mercadona, Hiperdino o Alcampo, y no en los despachos del INE. La joya de la corona de nuestra agricultura, la papa, acumula una subida oficial del 14,6%. En la práctica, esto significa que es imposible encontrar un solo kilogramo en los lineales por debajo de los 1,50 euros.

 

     El hachazo continúa con las habichuelas, un ingrediente básico cuyo precio se ha blindado por encima de los 3,90 €/kg.

 

    ¿Y qué pasa con el tomate o el plátano, estandartes del producto local?

 

  El varapalo al consumidor es demoledor. Las estadísticas se empeñan en promediar horquillas teóricas de entre 2,20 € y 2,90 €/kg para el tomate común, pero cualquier ciudadano que recorra las tiendas sabe que si busca tomates en rama o la variedad cherry, el precio se dispara sin miramientos por encima de los 3,50 €/kg. ¿Y si encuentra una oferta por debajo de los dos euros? Se trata, de forma casi sistemática, de mercancía sobrante: tomates achocados, remaduros y que apenas sirven para la tara.

 

 

 

El naufragio de la clase media

 

El resultado de esta brecha entre el relato oficial y la realidad de las tiendas es un sablazo tremendo al poder adquisitivo de la clase media. Aquel sector de la población integrado por asalariados, pensionistas con vidas cotizadas y pequeños autónomos que antes constituía el núcleo fuerte de nuestra sociedad, hoy navega en la incertidumbre.

 

    Este grupo es, en puridad, el único "paganini" del sistema. No tiene acceso a las redes de seguridad del Estado pero sufre de lleno el hachazo de una inflación que los empobrece a marchas forzadas.

 

    De manera silenciosa, miles de familias grancanarias están cayendo peldaño a peldaño por la escalera social, acercándose peligrosamente al gran colectivo de la vulnerabilidad.

Mientras tanto, la narrativa política dominante (la autodenominada progresista) ha dado un giro desconcertante: hoy lo que se celebra y se exhibe con orgullo es el incremento en el número de perceptores del Ingreso Mínimo Vital (IMV), las tarjetas de bonos de alimentos y la multiplicación de las exenciones fiscales o de tasas para colectivos vulnerables.

 

Celebrar el IMV: el disparate económico

 

    Asistimos a un verdadero disparate social y económico. Parece que el éxito de un ejecutivo ya no se mide por su capacidad para generar riqueza o salarios dignos, sino por su capacidad para gestionar la beneficencia.

 

     Celebramos que haya más pobres dependientes de la administración y celebramos que el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) sea el sueldo más frecuente en las islas.

 

    Hace apenas unas décadas, el éxito social consistía en presumir de que los trabajadores cobraban según los convenios de sus respectivos sectores, con retribuciones que dejaban al suelo de los salarios mínimos como una mera anécdota de entrada al mercado laboral.

 

   Hoy, el SMI es la norma y la clase media el objetivo a extinguir a base de impuestos e inflación.

 

    El potaje post-Día de Canarias nos deja un sabor amargo. No por la receta, sino porque constata que mientras el folclore y los discursos oficiales nos hablan de una tierra próspera, la realidad de la cesta de la compra demuestra que las familias de las islas son cada vez más pobres, ante el silencio cómplice de quienes prefieren mirar hacia los índices macroeconómicos antes que al fondo del caldero.

 

 

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