Fanatismo y superstición
El Auge de la brujería en el eje Vecindario-Telde-Valsequillo
Muñeco ahorcado usado en ritos de santería o brujeriía. Valsequillo. Foto VerGC
Polvareda vecinal en el pago de Era de Mota y Valsequillo por la siniestra aparición de un muñeco de tamaño humano, colgado y rodeado de evidencias de ritos satánicos o de vudú
El último incidente acaecido en los pagos de Era de Mota, con la súbita aparición de una especie de muñeco de tamaño natural, ahorcado y con signos evidentes de ritos satánicos o de vudú, ha sembrado el temor y la alarma vecinal, porque este tipo de actuaciones nunca se habían visto allí.
En el sureste y las medianías de Gran Canaria, resurge con fuerza ese mapa invisible dibujado con los hilos del esoterismo, de ritos ancestrales o del miedo a la brujería tradicional y también a la importada de Cuba como la santería o el vudú.
Lo que antes eran leyendas de nuestros mayores o habladurías y susurros de comadres, se ha convertido en una realidad palpable que inquieta a los vecinos del eje formado por Vecindario, Telde y Valsequillo. Un triángulo donde lo sagrado y lo profano libran una batalla cada vez más visible.
Telde: El estigma del "Pueblo de los Brujos"
Hablar de Telde es hablar de su sobrenombre histórico: el pueblo de los brujos o espiritistas. Esta fama no es gratuita ni puramente folclórica; hunde sus raíces en la memoria colectiva de las sacerdotisas de los faycanes prehispánicos o incluso mas reciente tras el famoso crimen de hace un siglo, que vinculó a la ciudad con prácticas espiritistas que buscaban comunicación con el más allá.
Aunque el tiempo ha pasado, la sombra del espiritismo, la presencia visible de amuletos, resguardos y todo tipo de costumbres preventivas frente a la brujeria o el espiritismo siguen formando parte del ADN sociológico de esta comarca de Gran Canaria.
Valsequillo: Más culto al Perro Maldito que al Santo.
Lo que ocurre en Valsequillo parece no tener parangón en ninguna isla. Aquí, la dualidad entre el bien y el mal ha tomado un cariz festivo pero inquietante. Mientras el fervor por su patrón, San Miguel Arcángel, parece languidecer, la figura de su antagonista crece.
La popular Suelta del Perro Maldito —una representación del diablo encadenado que escapa cada septiembre— ha pasado de ser una tradición cultural a un símbolo de la fascinación popular por lo oscuro. Resulta paradójico que, en el pueblo protegido por el ángel cuya espada mantiene a Satanás en el abismo, la figura del "Perro" genere más expectación que la propia liturgia.
La tensión alcanzó su punto álgido con la polvareda vecinal de esta última semana en el pago de Era de Mota y Valsequillo por culpa de esa siniestra aparición de un muñeco de tamaño humano, colgado y rodeado de evidencias de ritos satánicos o de vudú. La imagen, digna de una pesadilla, ha sembrado el temor entre unos vecinos que ven cómo la ficción festiva se torna en una realidad macabra y apunta a mensajes directos contra alguién o contra algo acaecido por esa zona.
Vecindario: El crisol de la santería y los ritos importados
Hacia la costa, ya en Vecindario, la fenomenología cambia pero la intensidad aumenta. Desde hace más de dos décadas, el paisaje urbano convive con los llamados "despojos": restos de gallos o gallinas sacrificadas en esquinas, barrancos o rotondas, e incluso la profanación de tumbas o apariciones de huesos humanos ya no es extraño para nadie.
Esta proliferación se atribuye a una mezcla de factores:
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Influencia del Caribe y Sudamérica: La llegada de población cubana e hispanoamericana ha traído consigo la santería y el palo mayombe, donde el sacrificio ritual es moneda común.
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Creencias solapadas: La fuerte presencia de inmigración marroquí y musulmana también aporta su propia visión de la magia y la protección espiritual, aunque estas creencias suelen quedar en un segundo plano frente a noticias de índole social o económica
A medida que se acerca el 29 de septiembre, festividad de San Miguel, la atmósfera en la comarca se espesa. El miedo no es solo espiritual, sino de seguridad y salubridad.
Algunos vecinos, hartos de encontrar restos de rituales en parajes públicos y asustados por el episodio de Era de Mota, parece que han comenzado a acudir a la Guardia Civil.
El objetivo es claro: poner freno a estas prácticas y evitar que el temor se convierta en la norma. En esta isla que siempre hemos convivido con lo sobrenatural, pero parece que toda la comarca del eje Vecindario-Telde-Valsequillo se enfrenta ahora al reto de como administrar este resurgimiento de la brujería más agresiva y distinguir entre la libertad de creencia y los actos que, por su naturaleza tétrica, perturban la paz de toda una comunidad.
Muñeco ahorcado usado en ritos de santería o brujeriía. Valsequillo. Foto VerGCEl último incidente acaecido en los pagos de Era de Mota, con la súbita aparición de una especie de muñeco de tamaño natural, ahorcado y con signos evidentes de ritos satánicos o de vudú, ha sembrado el temor y la alarma vecinal, porque este tipo de actuaciones nunca se habían visto allí.
En el sureste y las medianías de Gran Canaria, resurge con fuerza ese mapa invisible dibujado con los hilos del esoterismo, de ritos ancestrales o del miedo a la brujería tradicional y también a la importada de Cuba como la santería o el vudú.
Lo que antes eran leyendas de nuestros mayores o habladurías y susurros de comadres, se ha convertido en una realidad palpable que inquieta a los vecinos del eje formado por Vecindario, Telde y Valsequillo. Un triángulo donde lo sagrado y lo profano libran una batalla cada vez más visible.
Telde: El estigma del "Pueblo de los Brujos"
Hablar de Telde es hablar de su sobrenombre histórico: el pueblo de los brujos o espiritistas. Esta fama no es gratuita ni puramente folclórica; hunde sus raíces en la memoria colectiva de las sacerdotisas de los faycanes prehispánicos o incluso mas reciente tras el famoso crimen de hace un siglo, que vinculó a la ciudad con prácticas espiritistas que buscaban comunicación con el más allá.
Aunque el tiempo ha pasado, la sombra del espiritismo, la presencia visible de amuletos, resguardos y todo tipo de costumbres preventivas frente a la brujeria o el espiritismo siguen formando parte del ADN sociológico de esta comarca de Gran Canaria.
Valsequillo: Más culto al Perro Maldito que al Santo.
Lo que ocurre en Valsequillo parece no tener parangón en ninguna isla. Aquí, la dualidad entre el bien y el mal ha tomado un cariz festivo pero inquietante. Mientras el fervor por su patrón, San Miguel Arcángel, parece languidecer, la figura de su antagonista crece.
La popular Suelta del Perro Maldito —una representación del diablo encadenado que escapa cada septiembre— ha pasado de ser una tradición cultural a un símbolo de la fascinación popular por lo oscuro. Resulta paradójico que, en el pueblo protegido por el ángel cuya espada mantiene a Satanás en el abismo, la figura del "Perro" genere más expectación que la propia liturgia.
La tensión alcanzó su punto álgido con la polvareda vecinal de esta última semana en el pago de Era de Mota y Valsequillo por culpa de esa siniestra aparición de un muñeco de tamaño humano, colgado y rodeado de evidencias de ritos satánicos o de vudú. La imagen, digna de una pesadilla, ha sembrado el temor entre unos vecinos que ven cómo la ficción festiva se torna en una realidad macabra y apunta a mensajes directos contra alguién o contra algo acaecido por esa zona.
Vecindario: El crisol de la santería y los ritos importados
Hacia la costa, ya en Vecindario, la fenomenología cambia pero la intensidad aumenta. Desde hace más de dos décadas, el paisaje urbano convive con los llamados "despojos": restos de gallos o gallinas sacrificadas en esquinas, barrancos o rotondas, e incluso la profanación de tumbas o apariciones de huesos humanos ya no es extraño para nadie.
Esta proliferación se atribuye a una mezcla de factores:
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Influencia del Caribe y Sudamérica: La llegada de población cubana e hispanoamericana ha traído consigo la santería y el palo mayombe, donde el sacrificio ritual es moneda común.
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Creencias solapadas: La fuerte presencia de inmigración marroquí y musulmana también aporta su propia visión de la magia y la protección espiritual, aunque estas creencias suelen quedar en un segundo plano frente a noticias de índole social o económica
A medida que se acerca el 29 de septiembre, festividad de San Miguel, la atmósfera en la comarca se espesa. El miedo no es solo espiritual, sino de seguridad y salubridad.
Algunos vecinos, hartos de encontrar restos de rituales en parajes públicos y asustados por el episodio de Era de Mota, parece que han comenzado a acudir a la Guardia Civil.
El objetivo es claro: poner freno a estas prácticas y evitar que el temor se convierta en la norma. En esta isla que siempre hemos convivido con lo sobrenatural, pero parece que toda la comarca del eje Vecindario-Telde-Valsequillo se enfrenta ahora al reto de como administrar este resurgimiento de la brujería más agresiva y distinguir entre la libertad de creencia y los actos que, por su naturaleza tétrica, perturban la paz de toda una comunidad.





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