Canarias debatió la crisis del Hantavirus
El Parlamento canario es faro frente al apagón del Congreso
Clavijo puso luz y taquígrafo al debate parlamentario y debemos agradecer que así sea para que funcione y se respete la democracia representativa de estas 8 islas.
En política, las formas suelen ser tan importantes como el fondo. Sin embargo, en tiempos de polarización como los que vivimos hoy, hemos empezado a olvidar que la salud de una democracia no se mide solo por las decisiones que se toman, sino por dónde y cómo se debaten.
La reciente comparecencia del presidente de Canarias, Fernando Clavijo, para rendir cuentas en el Parlamento isleño sobre la crisis del crucero afectado por el hantavirus, es un recordatorio necesario de lo que significa el respeto a la soberanía popular.
El Centro de la Vida Política
No voy a entrar ni pronunciarme sobre si la gestión técnica de la crisis sanitaria fue la más acertada o si hubo fisuras en los protocolos, existe un hecho institucional innegable: Clavijo puso al Parlamento en el centro de la vida política de Canarias. En una situación de emergencia y alarma social, el Ejecutivo no se atrincheró en despachos ni en comunicados unidireccionales; acudió a la cámara autonómica donde reside la voluntad de los canarios.
Allí, bajo el foco de la representación pública, los portavoces de todos los colores políticos pudieron exponer, contrastar y criticar. Es en ese ejercicio de dialéctica parlamentaria donde la democracia se percibe en su máximo esplendor. No se trata de dar la razón al Gobierno, sino de alabar el gesto de someterse al criterio y al contraste de quienes representan al pueblo de las ocho islas.
Un Contraste Sangrante con el Congreso de los Diputados
Resulta paradójico, sin embargo, observar el comportamiento de la bancada principal de la oposición en el archipiélago. Mientras aquí se celebra el parlamentarismo, el Grupo Socialista, liderado por su portavoz Chano Franquis, quien expresó lo que su partido legitimamente defiende en esta cuestión, sin embargo mantiene un silencio sepulcral ante lo que ocurre en la vida nacional y la máxima institución donde reposa la Soberanía nacional.
Es difícil ignorar la hipocresía que supone exigir transparencia a nivel regional mientras se avala el ninguneo sistemático de Pedro Sánchez al Congreso de los Diputados. La comparación es, sencillamente, desoladora:
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Ausencia de Presupuestos: Sánchez ha dejado al Congreso vacío de su función más crítica, sin presentar un proyecto de Presupuestos Generales del Estado en cuatro años.
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Abuso del Decreto Ley: Se ha sustituido el debate y la posibilidad de enmiendas por el "ordeno y mando", legislando de espaldas a los representantes del pueblo.
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Vaciado de Contenido: El Congreso ha pasado de ser el centro de la política nacional, como se prometió, a ser un mero trámite administrativo que se evita siempre que sea posible.
Podremos estar de acuerdo o no con la postura de Fernando Clavijo sobre la crisis del hantavirus. Ese es un juicio que corresponde a los ciudadanos y a los analistas de gestión. Pero lo que es de justicia reconocer es que, en Canarias, el parlamentarismo sigue existiendo y funcionando.
Mientras en Madrid se opta por el apagón democrático y el gobierno mediante decreto, en las islas se ha elegido el camino de la luz y los taquígrafos. Debemos agradecer que, al menos aquí, se respete la esencia de nuestras instituciones. El contraste es evidente: mientras unos temen al Parlamento, otros lo convierten en el foro donde, por derecho, se decide el destino de nuestra tierra.

En política, las formas suelen ser tan importantes como el fondo. Sin embargo, en tiempos de polarización como los que vivimos hoy, hemos empezado a olvidar que la salud de una democracia no se mide solo por las decisiones que se toman, sino por dónde y cómo se debaten.
La reciente comparecencia del presidente de Canarias, Fernando Clavijo, para rendir cuentas en el Parlamento isleño sobre la crisis del crucero afectado por el hantavirus, es un recordatorio necesario de lo que significa el respeto a la soberanía popular.
El Centro de la Vida Política
No voy a entrar ni pronunciarme sobre si la gestión técnica de la crisis sanitaria fue la más acertada o si hubo fisuras en los protocolos, existe un hecho institucional innegable: Clavijo puso al Parlamento en el centro de la vida política de Canarias. En una situación de emergencia y alarma social, el Ejecutivo no se atrincheró en despachos ni en comunicados unidireccionales; acudió a la cámara autonómica donde reside la voluntad de los canarios.
Allí, bajo el foco de la representación pública, los portavoces de todos los colores políticos pudieron exponer, contrastar y criticar. Es en ese ejercicio de dialéctica parlamentaria donde la democracia se percibe en su máximo esplendor. No se trata de dar la razón al Gobierno, sino de alabar el gesto de someterse al criterio y al contraste de quienes representan al pueblo de las ocho islas.
Un Contraste Sangrante con el Congreso de los Diputados
Resulta paradójico, sin embargo, observar el comportamiento de la bancada principal de la oposición en el archipiélago. Mientras aquí se celebra el parlamentarismo, el Grupo Socialista, liderado por su portavoz Chano Franquis, quien expresó lo que su partido legitimamente defiende en esta cuestión, sin embargo mantiene un silencio sepulcral ante lo que ocurre en la vida nacional y la máxima institución donde reposa la Soberanía nacional.
Es difícil ignorar la hipocresía que supone exigir transparencia a nivel regional mientras se avala el ninguneo sistemático de Pedro Sánchez al Congreso de los Diputados. La comparación es, sencillamente, desoladora:
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Ausencia de Presupuestos: Sánchez ha dejado al Congreso vacío de su función más crítica, sin presentar un proyecto de Presupuestos Generales del Estado en cuatro años.
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Abuso del Decreto Ley: Se ha sustituido el debate y la posibilidad de enmiendas por el "ordeno y mando", legislando de espaldas a los representantes del pueblo.
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Vaciado de Contenido: El Congreso ha pasado de ser el centro de la política nacional, como se prometió, a ser un mero trámite administrativo que se evita siempre que sea posible.
Podremos estar de acuerdo o no con la postura de Fernando Clavijo sobre la crisis del hantavirus. Ese es un juicio que corresponde a los ciudadanos y a los analistas de gestión. Pero lo que es de justicia reconocer es que, en Canarias, el parlamentarismo sigue existiendo y funcionando.
Mientras en Madrid se opta por el apagón democrático y el gobierno mediante decreto, en las islas se ha elegido el camino de la luz y los taquígrafos. Debemos agradecer que, al menos aquí, se respete la esencia de nuestras instituciones. El contraste es evidente: mientras unos temen al Parlamento, otros lo convierten en el foro donde, por derecho, se decide el destino de nuestra tierra.







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