En 1618 capturó y esclavizó a 1.600 canarios.
Retorna la sombra del pirata berberisco Tabac Arráez
Puerto de La Luz y Las Palmas. Foto areyes
3 siglos de razzias robando y esclavizando canarios apuntan a que Canarias sea objetivo del pirateo radical de un nuevo Califato en el Sahel con Alqaeda y Bojo Haran
Durante tres siglos, el horizonte de las Islas Canarias no fue sinónimo de descanso, sino de terror. Entre los siglos XVI y XVIII, el archipiélago vivió bajo el yugo de los piratas berberiscos y los almirantes otomanos, cuyo objetivo no era la conquista territorial, sino la "cosecha" de seres humanos.
El episodio de 1618, donde los corsarios Tabac Arráez y Solimán capturaron a 1.600 majoreros y conejeros —casi la mitad de la población de Lanzarote en aquel momento— para venderlos como esclavos en los mercados del Magreb, es la herida que define nuestra historia de inseguridad.
Aquel horror se detuvo. El retroceso del imperio turco y el dominio naval británico, francés del siglo XIX y, finalmente, la Pax Americana tras 1945, crearon una burbuja de seguridad sin precedentes en el Atlántico.
Nos acostumbramos a un mar amable, a una seguridad garantizada por lejanos escudos occidentales. Sin embargo, en pleno 2026, las señales de alerta roja en el Sahel y el Golfo de Guinea sugieren que el paréntesis de paz podría estar cerrándose.
El Sahel: Un califato a las puertas de casa
La realidad hoy es muy preocupante. Mientras Canarias mira hacia Madrid o Bruselas, al otro lado de nuestro mar, el mapa se tiñe de negro. El dominio de Al-Qaeda en Malí ya no es una amenaza lejana; su influencia se extiende con fuerza hacia Mauritania, nuestra frontera marítima más directa.
A esto se suma la barbarie de Boko Haram en Nigeria, que en lo que va de 2026 ya ha secuestrado a más de 1.800 cristianos, reviviendo la práctica de la esclavitud y el rapto de mujeres y niños en pleno siglo XXI.
No es "conflicto político", es la vuelta de una ideología que, al igual que los antiguos berberiscos, considera el territorio infiel como un almacén de botín y esclavos.
De los antiguos xebrecos a la narcolancha de guerra y drones
El paralelismo no se puede negar. Los informes de seguridad marítima de este año ya advierten de ataques a plataformas petrolíferas y secuestros de barcos pesqueros en el eje que conecta el Golfo de Guinea con las islas.
La tecnología ha cambiado —ahora usan GPS, motores fueraborda robados y armas de guerra—, pero la vulnerabilidad canaria vuelve a ser la misma: somos una frontera próspera y desprotegida frente a un continente en llamas.
¿Podemos garantizar que, con el crecimiento del fundamentalismo islámico radical en el Sahel, no volveremos a ver "razzias" en nuestras costas aisladas o ataques a nuestros intereses marítimos?
La historia nos enseña que la seguridad en Canarias nunca ha sido un derecho natural, sino un equilibrio frágil que hoy se tambalea, y con mayor intensidad visto el acceso a las nuevas armas que son los drones que recorren miles de kilometros.
.
El peligro del buenismo europeista
La pregunta que lanzamos desde VerGranCanaria.com es directa: ¿Somos conscientes de que el vacío de poder en el Sahel y la presencia de grupos que ya dominan militarmente Malí y amenazan Mauritania nos devuelven a la casilla de salida del siglo XVII?
El buenismo del Gobierno de España, que minimiza la inseguridad en nuestras aguas y desatiende el refuerzo militar y policial en las islas, es un insulto a nuestra memoria histórica.
Aquellos que prefieren hablar de "bulos" antes que de geopolítica, ignoran que la seguridad de las islas no se mantiene con discursos, sino con disuasión.
Si el islam radical y sanguinario consolida su control sobre la costa mauritana, Canarias volverá a ser lo que siempre fue para los piratas: el objetivo más cercano y rentable.
No esperemos a que el próximo Tabac Arráez desembarque en nuestras playas como modernos piratas berberiscos para entender que la Pax Americana en el Atlántico se está agrietando por su flanco más débil: el nuestro.
Puerto de La Luz y Las Palmas. Foto areyes
Durante tres siglos, el horizonte de las Islas Canarias no fue sinónimo de descanso, sino de terror. Entre los siglos XVI y XVIII, el archipiélago vivió bajo el yugo de los piratas berberiscos y los almirantes otomanos, cuyo objetivo no era la conquista territorial, sino la "cosecha" de seres humanos.
El episodio de 1618, donde los corsarios Tabac Arráez y Solimán capturaron a 1.600 majoreros y conejeros —casi la mitad de la población de Lanzarote en aquel momento— para venderlos como esclavos en los mercados del Magreb, es la herida que define nuestra historia de inseguridad.
Aquel horror se detuvo. El retroceso del imperio turco y el dominio naval británico, francés del siglo XIX y, finalmente, la Pax Americana tras 1945, crearon una burbuja de seguridad sin precedentes en el Atlántico.
Nos acostumbramos a un mar amable, a una seguridad garantizada por lejanos escudos occidentales. Sin embargo, en pleno 2026, las señales de alerta roja en el Sahel y el Golfo de Guinea sugieren que el paréntesis de paz podría estar cerrándose.
El Sahel: Un califato a las puertas de casa
La realidad hoy es muy preocupante. Mientras Canarias mira hacia Madrid o Bruselas, al otro lado de nuestro mar, el mapa se tiñe de negro. El dominio de Al-Qaeda en Malí ya no es una amenaza lejana; su influencia se extiende con fuerza hacia Mauritania, nuestra frontera marítima más directa.
A esto se suma la barbarie de Boko Haram en Nigeria, que en lo que va de 2026 ya ha secuestrado a más de 1.800 cristianos, reviviendo la práctica de la esclavitud y el rapto de mujeres y niños en pleno siglo XXI.
No es "conflicto político", es la vuelta de una ideología que, al igual que los antiguos berberiscos, considera el territorio infiel como un almacén de botín y esclavos.
De los antiguos xebrecos a la narcolancha de guerra y drones
El paralelismo no se puede negar. Los informes de seguridad marítima de este año ya advierten de ataques a plataformas petrolíferas y secuestros de barcos pesqueros en el eje que conecta el Golfo de Guinea con las islas.
La tecnología ha cambiado —ahora usan GPS, motores fueraborda robados y armas de guerra—, pero la vulnerabilidad canaria vuelve a ser la misma: somos una frontera próspera y desprotegida frente a un continente en llamas.
¿Podemos garantizar que, con el crecimiento del fundamentalismo islámico radical en el Sahel, no volveremos a ver "razzias" en nuestras costas aisladas o ataques a nuestros intereses marítimos?
La historia nos enseña que la seguridad en Canarias nunca ha sido un derecho natural, sino un equilibrio frágil que hoy se tambalea, y con mayor intensidad visto el acceso a las nuevas armas que son los drones que recorren miles de kilometros.
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El peligro del buenismo europeista
La pregunta que lanzamos desde VerGranCanaria.com es directa: ¿Somos conscientes de que el vacío de poder en el Sahel y la presencia de grupos que ya dominan militarmente Malí y amenazan Mauritania nos devuelven a la casilla de salida del siglo XVII?
El buenismo del Gobierno de España, que minimiza la inseguridad en nuestras aguas y desatiende el refuerzo militar y policial en las islas, es un insulto a nuestra memoria histórica.
Aquellos que prefieren hablar de "bulos" antes que de geopolítica, ignoran que la seguridad de las islas no se mantiene con discursos, sino con disuasión.
Si el islam radical y sanguinario consolida su control sobre la costa mauritana, Canarias volverá a ser lo que siempre fue para los piratas: el objetivo más cercano y rentable.
No esperemos a que el próximo Tabac Arráez desembarque en nuestras playas como modernos piratas berberiscos para entender que la Pax Americana en el Atlántico se está agrietando por su flanco más débil: el nuestro.





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