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Lunes, 11 de Mayo de 2026
Crisis del Crucero Hondius

¿Un riesgo innecesario para un final de opereta?

Para este viaje, no hacía falta tantas alforjas. ¿Acaso no se han realizado operaciones de rescate aereo en condiciones pésimas como fue en Afganistan, en Wuhan (China), en Iran y en tantos lugares lejanos?

 

 Por: Redacción Gran Canaria TV

    La crisis del crucero MV Hondius toca a su fin con su inminente salida del puerto de Granadilla hasta Holanda,  pero lo que queda tras el desembarco no es alivio, sino una crisis abierta con la división ciudadana que tanto le gusta poner en marcha al Gobierno Central.

 

    Lo cierto es que en las islas ha calado la indignación profunda que tardará en cicatrizar. Tras días de tensión internacional, alertas sanitarias y el miedo colectivo recorriendo el archipiélago, el desenlace ha sido tan burocrático como decepcionante: los pasajeros han sido trasladados directamente desde el muelle al aeropuerto Reina Sofía para ser devueltos a sus países.

 

   La Ministra de Sanidad ha confirmado que no se hicieron PCR a bordo, sin protocolos clínicos exhaustivos tras el desembarco y sin transparencia. La pregunta que recorre cada rincón de las islas es obligatoria: ¿Para este viaje hacían falta tantas alforjas?

 

Un riesgo gratuito para el turismo con destino Canarias

 

      Si el plan del Gobierno de España era simplemente escoltar a los pasajeros hacia un avión de vuelta, ¿por qué forzar el atraque en un puerto canario? La lógica más elemental sugiere que este mismo operativo se podría haber coordinado desde Cabo Verde o cualquier otro punto de la ruta.

    ¿Acaso no se han realizado operaciones de rescate aereo en condiciones pésimas como fue en Afganistan, en Wuhan (China), en Iran y en tantos lugares lejanos?

 

     Traer un foco de incertidumbre biológica (el Hantavirus cepa Andes) al corazón de un destino que vive de su imagen de lugar seguro es, como mínimo, una temeridad.

   Durante una semana, el mundo ha mirado a Canarias no como el paraíso vacacional que es, sino como un lazareto improvisado. Las consecuencias para nuestra principal industria, el turismo, aún están por cuantificar, pero el daño reputacional de ver imágenes de despliegue sanitario en nuestros muelles es una factura que Canarias no tendría por qué pagar.

 

    Y que nadie se engañe, Canarias vive de lo que se factura por turismo, y no por la imagen de paraiso solidario de acogida, salvo aquellos que viven de los fondos de ayudas a la acogida de inmigrantes.

 

Es grave que el Presidente de Canarias hable del desprecio institucional:

 

    Más allá de lo sanitario, esta crisis ha destapado una grieta política que parece insalvable. La ruptura entre el Gobierno de Canarias y el Estado ha sido total. Mientras desde las islas se exigía precaución y rigor, desde Madrid se imponía el atraque con una opacidad que muchos no dudan en calificar de prepotencia colonial.

 

    ¿Alguien en la capital del Estado se detuvo a pensar en el miedo colectivo de la población canaria? La sensación es la de un gobierno central indolente, que toma decisiones sobre nuestro territorio sin contar con quienes lo habitan, tratándonos como una base logística periférica y no como una comunidad autónoma con derechos.

 

Desafección y desapego:

 

     Este episodio, aunque no le guste al Gobierno de Pedro Sáchez ni a todos los que han apoyado esta operación, deben reconocer la consecuencia que ha generado desafección y desapego de buena parte de la población respecto al Estado.

   No solo ha traído el miedo al contagio; sino que ha alimentado un virus mucho más persistente: el del desapego de los canarios frente al Estado. La gestión del Hondius ha sido el ejemplo perfecto de una política de hechos consumados donde Canarias pone el riesgo y Madrid pone las órdenes.

 

   Es difícil no sentir rechazo ante un trato que ningunea a las autoridades canarias, dejándolas como meros espectadores de una crisis que ocurría en su propia casa. El resultado será una desafección creciente y un caldo de cultivo perfecto para los mensajes rupturistas y más radicales.

   La ciudadanía canaria percibe que, para el Estado, la seguridad y la tranquilidad de ocho islas son moneda de cambio en el tablero de la geopolítica o la conveniencia administrativa.

 

    Al final, el Hondius se va, esperemos que pronto,  pero deja una herida abierta. La crisis sanitaria parece cerrada, pero la crisis de confianza entre Canarias y el Gobierno central acaba de entrar en una fase crítica. Después de tanto ruido, tanto riesgo y tanta tensión, nos queda la amarga certeza de que, efectivamente, para este viaje no hacían falta tantas alforjas.

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