Indignación y desesperación vecinal
Agaete: sólos frente al miedo por robos y puñaladas
Cuando el ciudadano siente que el Estado le retira la mano —disminuyendo la seguridad— y además le desprecia cuando pide auxilio, la cohesión social se rompe.
La Villa marinera, antaño remanso de paz y refugio de los insignes poetas grancanarios, se despierta en este 2026 ante una realidad cruda: un joven detenido tras un apuñalamiento frente a un supermercado y comerciantes que duermen en sus negocios para evitar saqueos. Mientras, la respuesta política oscila entre el silencio y la negación.
AGAETE– "O duermo aquí dentro, o me quedo sin nada". El testimonio, desgarrador pero firme, resume el estado de sitio que viven algunos pequeños empresarios en el municipio. No es una exageración literaria; es la medida desesperada de un dueño de bazar que ha decidido convertir su mostrador en cama para proteger el sustento de su familia.
La alarma social ha terminado de estallar esta semana. El pasado miércoles, en las inmediaciones de un supermercado en el Puerto de Las Nieves, un joven de 21 años fue detenido tras asestar una puñalada en el cuello a un hombre de 43 años durante una pelea a plena luz del día.
La víctima fue evacuada en estado grave al Hospital Doctor Negrín, dejando tras de sí un rastro de sangre y una pregunta que recorre cada esquina de la zona norte: ¿Quién nos protege?
El Norte de Gran Canaria: Una zona "desmantelada"
La situación de Agaete no es un caso aislado, sino el síntoma de un mal endémico que afecta al eje Gáldar-Guía-La Aldea. Según los datos de criminalidad del último balance del Ministerio del Interior, las infracciones penales en la provincia han mostrado repuntes preocupantes en robos con fuerza y delitos de lesiones.
Sin embargo, la estadística más alarmante es la de los efectivos:
-
Déficit de agentes: Las asociaciones de la Guardia Civil denuncian que el catálogo de puestos en Canarias ha sido recortado incluso en este 2026, lo que deja a los cuarteles del norte bajo mínimos, especialmente en los turnos de noche.
-
Policía Local: En municipios como Agaete o Gáldar, las plantillas están envejecidas o incompletas, lo que impide una vigilancia de proximidad real.
El muro de la "disidencia" política
Lo que más duele a los vecinos no es solo la falta de patrullas, sino lo que califican como "la frialdad de los despachos". Mientras la calle grita inseguridad, el discurso oficial se mantiene en una realidad paralela.
"Cuando protestamos por los robos o por el aumento de la violencia, nos dicen que son bulos, que son percepciones subjetivas o, lo que es más grave, nos tachan de fascistas para invalidar nuestra queja", comenta un vecino de la zona alta de Agaete.
Esta estrategia de "gaslighting" institucional (hacer que la víctima dude de su propia realidad) ha generado un abismo entre la ciudadanía y sus representantes. La oposición local ya habla de "colapso institucional" y exige que se deje de mirar hacia otro lado.
Agaete se enfrenta a un dilema peligroso. Cuando el ciudadano siente que el Estado le retira la mano —disminuyendo la seguridad— y además le desprecia cuando pide auxilio, la cohesión social se rompe.
El joven del apuñalamiento ya está en manos de la justicia, pero el miedo de los comerciantes y la soledad de los barrios del norte siguen ahí, esperando una respuesta que sea algo más que propaganda o etiquetas ideológicas.

La Villa marinera, antaño remanso de paz y refugio de los insignes poetas grancanarios, se despierta en este 2026 ante una realidad cruda: un joven detenido tras un apuñalamiento frente a un supermercado y comerciantes que duermen en sus negocios para evitar saqueos. Mientras, la respuesta política oscila entre el silencio y la negación.
AGAETE– "O duermo aquí dentro, o me quedo sin nada". El testimonio, desgarrador pero firme, resume el estado de sitio que viven algunos pequeños empresarios en el municipio. No es una exageración literaria; es la medida desesperada de un dueño de bazar que ha decidido convertir su mostrador en cama para proteger el sustento de su familia.
La alarma social ha terminado de estallar esta semana. El pasado miércoles, en las inmediaciones de un supermercado en el Puerto de Las Nieves, un joven de 21 años fue detenido tras asestar una puñalada en el cuello a un hombre de 43 años durante una pelea a plena luz del día.
La víctima fue evacuada en estado grave al Hospital Doctor Negrín, dejando tras de sí un rastro de sangre y una pregunta que recorre cada esquina de la zona norte: ¿Quién nos protege?
El Norte de Gran Canaria: Una zona "desmantelada"
La situación de Agaete no es un caso aislado, sino el síntoma de un mal endémico que afecta al eje Gáldar-Guía-La Aldea. Según los datos de criminalidad del último balance del Ministerio del Interior, las infracciones penales en la provincia han mostrado repuntes preocupantes en robos con fuerza y delitos de lesiones.
Sin embargo, la estadística más alarmante es la de los efectivos:
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Déficit de agentes: Las asociaciones de la Guardia Civil denuncian que el catálogo de puestos en Canarias ha sido recortado incluso en este 2026, lo que deja a los cuarteles del norte bajo mínimos, especialmente en los turnos de noche.
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Policía Local: En municipios como Agaete o Gáldar, las plantillas están envejecidas o incompletas, lo que impide una vigilancia de proximidad real.
El muro de la "disidencia" política
Lo que más duele a los vecinos no es solo la falta de patrullas, sino lo que califican como "la frialdad de los despachos". Mientras la calle grita inseguridad, el discurso oficial se mantiene en una realidad paralela.
"Cuando protestamos por los robos o por el aumento de la violencia, nos dicen que son bulos, que son percepciones subjetivas o, lo que es más grave, nos tachan de fascistas para invalidar nuestra queja", comenta un vecino de la zona alta de Agaete.
Esta estrategia de "gaslighting" institucional (hacer que la víctima dude de su propia realidad) ha generado un abismo entre la ciudadanía y sus representantes. La oposición local ya habla de "colapso institucional" y exige que se deje de mirar hacia otro lado.
Agaete se enfrenta a un dilema peligroso. Cuando el ciudadano siente que el Estado le retira la mano —disminuyendo la seguridad— y además le desprecia cuando pide auxilio, la cohesión social se rompe.
El joven del apuñalamiento ya está en manos de la justicia, pero el miedo de los comerciantes y la soledad de los barrios del norte siguen ahí, esperando una respuesta que sea algo más que propaganda o etiquetas ideológicas.





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