28 de abril de 2026
¿Dia mundial de la Seguridad Laboral o Postureo Oficial?
Fotos areyes y pexels
Lo que la ley prohibe son las situaciones que ponen en riesgo la vida o salud del trabajador cuando la emprea no facilite las medidas de seguridad y prevención; pero parece que solo se pone el foco cuando hay un muerto o lesionado.
Este 28 de abril de 2026, las agendas institucionales de Gran Canaria se volverán a teñir de luto preventivo y corbatas de seda. Se celebra el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, una efeméride que, sobre el papel, debería servir para reflexionar sobre por qué ir a ganarse el pan sigue costándole la vida a algunos y a otros muchos sufrir graves lesiones o correr riesgos de sufrir un accidente de trabajo.
A medida que se acerca esta fecha, empiezo a sufrir el bombardeo y la lluvia intensa de spots y anuncios, pero como trabajador que patea la calle en esta isla, uno no puede evitar que me invada un cierto déjà vu cargado de escepticismo porque todo suena a cosa repetida y hueca...
¿Cuál es el riesgo real de sufrir un siniestro laboral en nuestra isla?
No veo tan complicado que todos estos responsables de campañas , jornadas y eventos se hagan la pregunta correcta: ¿Cuántos trabajadores a primera hora de la mañana, cuando van en su coche o en la guagua rumbo a su puesto de trabajo, estarán calculando las probabilidades tiene hoy de sufrir un siniestro laboral?
Las cifras oficiales del último balance cerrado (2025) y el arranque de este 2026 nos lanzan una bofetada de realidad: en Canarias se registraron más de 27.000 accidentes laborales el año pasado.
Si ponemos el foco en nuestra provincia y especialmente en Gran Canaria, este riesgo ya no es una estadística abstracta, tiene nombre propio: el de las victimas laborales cuya salud y su propia vida han estado en peligro.
Los datos oficiales desaparecen cualquier rastro de humanidad, reduciendo las victimas a simples números de la estadística total o del sector mas peligroso.
Si usted trabaja en la construcción, sepa que se mueve en el terreno de mayor peligro: el índice de incidencia es casi el triple que en el sector servicios.
Pero no se deje engañar, el sector servicios (nuestro motor económico con el turismo) concentra el mayor número bruto de accidentes. Camareras de piso con lesiones musculoesqueléticas crónicas, repartidores a golpe de cronómetro en nuestras carreteras saturadas y operarios de mantenimiento que asumen riesgos por "sacar el trabajo adelante".
En 2025, las muertes en el puesto de trabajo en las islas aumentaron un 38%. Y es cierto que los organismos oficiales, las organizaciones empresariales y sindicales nos advierten y ponen el foco en los que el resultado es de muerte o lesionados.
Pero la realidad es que la Ley de Prevención de Riesgos y hasta el código penal determinan que hay infracción cuando se pone en riesgo la vida y salud de los trabajadores porque la empresa no facilite los medios para que desempeñen su actividad con medidas de seguridad e higiene adecuadas.
La consecuencia es clara, no es el resultado de muerte o lesión grave lo que la ley prohibe, sino que es el riesgo de que el trabajador pueda convertirse en victima laboral porque la empresa no ha puesto las medidas de seguridad y prevención.
Es decir, que sólo con datos oficiales de 2025, han sido 27.000 los trabajadores cuya salud e integridad física han corrido riesgo.
Y la pregunta, es cuántas situaciones de riesgo se han producido sin que se hubiera producido lesiones o tramitado la baja por IT.
La respuesta es clara: el riesgo real de salir de casa hacia el trabajo es alto, y no tienes la certeza absoluta de volver ileso.
La pregunta principal: ¿Beneficio real o puro postureo institucional?
Aquí llegamos a la gran cuestión que mortifica y molesta en los despachos de la administración, la patronal y, lamentablemente, también en los sindicatos. ¿Sirven estos días para algo más que para el autobombo?
Cada 28 de abril los trabajadores asistimos a una coreografía ensayada:
-
Políticos de turno haciéndose la foto con cascos relucientes que nunca han visto el polvo de una obra.
-
Sindicatos lanzando proclamas en ruedas de prensa, exigiendo cambios que parecen olvidar el resto del año en las mesas de negociación.
-
Instituciones publicando folletos brillantes que terminan en la papelera de los polígonos industriales de Arinaga o El Goro o en descargas de bots de redes sociales.
La sensación del trabajador y especialmente del que ha sido victima laboral, es que eel 28 de abril se ha convertido en un día de trámite. Un "postureo" necesario para cumplir con la agenda global de lo politicamente correcto, mientras las inspecciones de trabajo siguen bajo mínimos de personal y las pequeñas empresas —que son el 95% de nuestro tejido— ven la prevención como un gasto molesto y los planes de prevención como un elemento decorativo en las estanterias del dueño o del gerente y sobretodo, que ese fardo o tocho de papeles debería ser el documento prioritario para la actividad diaria.
También seguimos viendo que son insuficientes las ayudas directas a las pequeñas empresas para que puedan comprar o alquilar equipos de seguridad laboral, porque con ello se ayuda a reducir el riesgo.
Si el balance de tanto evento y tanta celebración fuera un beneficio real, la curva de accidentes graves y mortales no estaría repuntando como lo ha hecho recientemente en Canarias. Mientras el discurso oficial celebra una "bajada en el índice general" (gracias a que hay más gente afiliada), la realidad es que los que se accidentan, se accidentan peor.
Conclusión: Menos fotos, más inspecciones y más equipos
Como trabajador de Gran Canaria, el 28 de abril no quiero un lazo en la solapa de un concejal ni un tuit de un sindicato. Quiero saber que si denuncio una falta de arnés en una obra de Las Palmas o una sobrecarga física en un hotel de Maspalomas, habrá un inspector allí antes de que el riesgo persista y crezca hasta que ocurra la desgracia.
Todo lo que no sea invertir en vigilancia real, en ayudar a las pequeñas empresas a comprar o alquilar equipos de seguridad y sobretodo, en castigar el incumplimiento especialmente de los reincidentes, podemos afirmar con rotundidad que no es seguridad laboral; es propaganda financiada con nuestra salud, la de los trabajadores.
Marcelo Valerón![[Img #8381]](http://vergrancanaria.com/upload/images/04_2026/3525_marcelo-valeron.jpg)
Colaborador habitual de este digital y cronista de la actualidad social en Canarias.
Fotos areyes y pexels
Este 28 de abril de 2026, las agendas institucionales de Gran Canaria se volverán a teñir de luto preventivo y corbatas de seda. Se celebra el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, una efeméride que, sobre el papel, debería servir para reflexionar sobre por qué ir a ganarse el pan sigue costándole la vida a algunos y a otros muchos sufrir graves lesiones o correr riesgos de sufrir un accidente de trabajo.
A medida que se acerca esta fecha, empiezo a sufrir el bombardeo y la lluvia intensa de spots y anuncios, pero como trabajador que patea la calle en esta isla, uno no puede evitar que me invada un cierto déjà vu cargado de escepticismo porque todo suena a cosa repetida y hueca...
¿Cuál es el riesgo real de sufrir un siniestro laboral en nuestra isla?
No veo tan complicado que todos estos responsables de campañas , jornadas y eventos se hagan la pregunta correcta: ¿Cuántos trabajadores a primera hora de la mañana, cuando van en su coche o en la guagua rumbo a su puesto de trabajo, estarán calculando las probabilidades tiene hoy de sufrir un siniestro laboral?
Las cifras oficiales del último balance cerrado (2025) y el arranque de este 2026 nos lanzan una bofetada de realidad: en Canarias se registraron más de 27.000 accidentes laborales el año pasado.
Si ponemos el foco en nuestra provincia y especialmente en Gran Canaria, este riesgo ya no es una estadística abstracta, tiene nombre propio: el de las victimas laborales cuya salud y su propia vida han estado en peligro.
Los datos oficiales desaparecen cualquier rastro de humanidad, reduciendo las victimas a simples números de la estadística total o del sector mas peligroso.
Si usted trabaja en la construcción, sepa que se mueve en el terreno de mayor peligro: el índice de incidencia es casi el triple que en el sector servicios.
Pero no se deje engañar, el sector servicios (nuestro motor económico con el turismo) concentra el mayor número bruto de accidentes. Camareras de piso con lesiones musculoesqueléticas crónicas, repartidores a golpe de cronómetro en nuestras carreteras saturadas y operarios de mantenimiento que asumen riesgos por "sacar el trabajo adelante".
En 2025, las muertes en el puesto de trabajo en las islas aumentaron un 38%. Y es cierto que los organismos oficiales, las organizaciones empresariales y sindicales nos advierten y ponen el foco en los que el resultado es de muerte o lesionados.
Pero la realidad es que la Ley de Prevención de Riesgos y hasta el código penal determinan que hay infracción cuando se pone en riesgo la vida y salud de los trabajadores porque la empresa no facilite los medios para que desempeñen su actividad con medidas de seguridad e higiene adecuadas.
La consecuencia es clara, no es el resultado de muerte o lesión grave lo que la ley prohibe, sino que es el riesgo de que el trabajador pueda convertirse en victima laboral porque la empresa no ha puesto las medidas de seguridad y prevención.
Es decir, que sólo con datos oficiales de 2025, han sido 27.000 los trabajadores cuya salud e integridad física han corrido riesgo.
Y la pregunta, es cuántas situaciones de riesgo se han producido sin que se hubiera producido lesiones o tramitado la baja por IT.
La respuesta es clara: el riesgo real de salir de casa hacia el trabajo es alto, y no tienes la certeza absoluta de volver ileso.
La pregunta principal: ¿Beneficio real o puro postureo institucional?
Aquí llegamos a la gran cuestión que mortifica y molesta en los despachos de la administración, la patronal y, lamentablemente, también en los sindicatos. ¿Sirven estos días para algo más que para el autobombo?
Cada 28 de abril los trabajadores asistimos a una coreografía ensayada:
-
Políticos de turno haciéndose la foto con cascos relucientes que nunca han visto el polvo de una obra.
-
Sindicatos lanzando proclamas en ruedas de prensa, exigiendo cambios que parecen olvidar el resto del año en las mesas de negociación.
-
Instituciones publicando folletos brillantes que terminan en la papelera de los polígonos industriales de Arinaga o El Goro o en descargas de bots de redes sociales.
La sensación del trabajador y especialmente del que ha sido victima laboral, es que eel 28 de abril se ha convertido en un día de trámite. Un "postureo" necesario para cumplir con la agenda global de lo politicamente correcto, mientras las inspecciones de trabajo siguen bajo mínimos de personal y las pequeñas empresas —que son el 95% de nuestro tejido— ven la prevención como un gasto molesto y los planes de prevención como un elemento decorativo en las estanterias del dueño o del gerente y sobretodo, que ese fardo o tocho de papeles debería ser el documento prioritario para la actividad diaria.
También seguimos viendo que son insuficientes las ayudas directas a las pequeñas empresas para que puedan comprar o alquilar equipos de seguridad laboral, porque con ello se ayuda a reducir el riesgo.
Si el balance de tanto evento y tanta celebración fuera un beneficio real, la curva de accidentes graves y mortales no estaría repuntando como lo ha hecho recientemente en Canarias. Mientras el discurso oficial celebra una "bajada en el índice general" (gracias a que hay más gente afiliada), la realidad es que los que se accidentan, se accidentan peor.
Conclusión: Menos fotos, más inspecciones y más equipos
Como trabajador de Gran Canaria, el 28 de abril no quiero un lazo en la solapa de un concejal ni un tuit de un sindicato. Quiero saber que si denuncio una falta de arnés en una obra de Las Palmas o una sobrecarga física en un hotel de Maspalomas, habrá un inspector allí antes de que el riesgo persista y crezca hasta que ocurra la desgracia.
Todo lo que no sea invertir en vigilancia real, en ayudar a las pequeñas empresas a comprar o alquilar equipos de seguridad y sobretodo, en castigar el incumplimiento especialmente de los reincidentes, podemos afirmar con rotundidad que no es seguridad laboral; es propaganda financiada con nuestra salud, la de los trabajadores.
Marcelo Valerón![[Img #8381]](http://vergrancanaria.com/upload/images/04_2026/3525_marcelo-valeron.jpg)
Colaborador habitual de este digital y cronista de la actualidad social en Canarias.












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